29 de mayo de 2009

El joven audaz sobre el trapecio volante

A todos los barberos, curas, amas y sobrinas que queman libros

Hace unos días entré en la Biblioteca. Iba a devolver unos libros y me había jurado no coger ninguno. De hecho tenía dos en la mesilla de noche y no podía meterme ni una letra más en la cabeza.
El bedel me saludó amablemente cuando le di los libros. Nos conocemos desde hace años. Y entonces se me ocurrió. ¿Y si voy a ver -sólo a ver- las novedades? Siempre es interesante conocer las nuevas adquisiciones de la Biblioteca.
Cuando estuve delante de una jugosa estanteria repleta de libros olvidados, me pareció un crimen no llevarme alguno a casa. Aunque fuera de excursión. Sacarlo de la balda en la que estaba olvidado para que respirara un poco de aire fresco, se aireara y... por supuesto nada de leerlo.
De este modo salí del edificio con dos libros: uno de una escritora india titulado El legado de la pérdida y otro de William Saroyan, una colección de cuentos.
El problema es que los cuentos no me gustan. Lo que me va son las narraciones de 900 páginas en letra pequeña. Pero ese día por la noche estaba tan cansada que no podía permitirme el lujo que levantar un libro muy pesado. Así que empecé a leer uno de los relatos, y me gustó. La siguiente noche decidí que leería otro cuento. Y así, poco a poco me he ido internando en El joven audaz sobre el trapecio volante, que es como se titula el libro.
Los cuentos son desiguales. En la mayoría se respira un eco autobiográfico patente en la preocupación de muchos protagonistas por la literatura o la creación artística. El sentido del humor se une a una visión amarga de la vida, cuyos aspectos más crudos no se ocultan. La mayoría de los personajes son seres marginales, pobres materialmente hablando, pero que ocultan en su interior una visión del mundo muy particular, que es lo que los vuelve ricos.
Ayer por la noche, leí otro cuento. Se titula Un día de frío. Con él me reí y lloré ante las penurias de un escritor que malvive en una buhardilla, sin dinero para comprar leña y encender una hoguera en medio de un frío invierno. El escritor, desesperado por su estado de casi congelación se plantea quemar algunos de los libros que ocupan sus estanterías.



Lo que quería hacer era quemar media docena de libros míos para calentarme y así poder escribir mi relato. Encontré una vieja bañera y me la llevé a mi cuarto, pero cuando me puse a buscar libros que quemar no encontré ninguno. Todos mis libros eran viejos y baratos. Tengo unos quinientos, y la mayoría me han costado unos cinco centavos, pero cuando me puse a buscar títulos para quemar, no pude encontrar ninguno. Había uno enorme y pesado de anatomía en alemán, con el que habría podido encender un buen fuego, pero al abrirlo y leer tan sólo una frase de aquella hermosa lengua, "sie bestehen aus zwei Huftgelenkbeugemuskeln des Oberschenkels, von denen der eine breitere", etcétera, me vi incapaz de convertirlo en cenizas. No entendía la lengua, no entendía ni una palabra en todo el libro, pero de algún modo me parecía demasiado elocuente para encender con él una hoguera. El libro me había costado cinco centavos, dos o tres años atrás, y pesaba unos dos kilos y medio, de modo que incluso como leña había sido una ganga, debería haber podido arrancar sus páginas sin ningún escrúpulo para encender con él una hoguera.
Pero no pude hacerlo. El libro tenía más de mil páginas, y yo tenía pensado quemarlas todas de una en una para ver arder cada página, pero cuando pensé en toda aquella letra, borrada por el fuego, y en todo aquel lenguaje exacto, eliminado de mi biblioteca, me vi incapaz de hacerlo, así que aún conservo el libro. Cuando me canso de leer a grandes escritores, acudo a este libro y me pongo a leer palabras que no entiendo, "während der Kindheit ist sie von birnförmiger Gestalt und leigt vorzugsweise in der Bauchhöhle". Me resulta sencillamente blasfema la idea de quemar mil páginas llenas de ese lenguaje. Y, por supuesto, ni siquiera he mencionado sus ilustraciones.
Entonces me puse a buscar novela barata.
Y tú ya sabes que el mundo está repleto de eso. Nueve de cada diez libros son novelas baratas sin ningún valor, materia inorgánica. Pensé entonces que a buen seguro en mi biblioteca encontraría por lo menos media docena de esos libros, y que podría quemarlos para calentarme y escribir mi relato. De modo que escogí seis libros, todos juntos pesaban más o menos como el libro de anatomía en alemán. El primero era Tom Brown at Oxford: A Sequel to School Days at Rugby, dos volúmenes en uno. El primero tenía trescientas setenta y ocho páginas, y el segundo cuatrocientas treinta, y con todas esas páginas podría haber encendido una pequeña hoguera que me habría durado bastante, pero no había leido el libro y me pareció que no tenía ningún derecho a quemar una obra que ni siquiera había leído. Por su aspecto parecía un libro de prosa barata, uno de esos que vale la pena quemar, pero no pude hacerlo.
Creo que en su caso, hubiera hecho lo mismo. Un libro interesante que os recomiendo leer.

5 comentarios:

  1. Hola!
    Siempre paso por este blog pero justamente para leer esta entrada. Me fascina este cuento, y no lo encuentro en internet. Tengo un libro, que prácticamente le robé a un amigo, pero es imposible compartirlo con otras personas... (las personas suelen tener los mismos hábitos que yo, y se suelen quedar con mis libros). Por eso quisiera saber si tienes idea en qué sitio de la web alguien colgó este relato.
    Cada vez que busco en internet (y esto, lo hago con cierta regularidad en meses), me topo con esta entreda...y vuelvo a leerla!!
    besos

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  2. Anónimo4/21/2014

    El texto del cuento lo puedes encontrar en: http://laperiodicarevisiondominical.wordpress.com/2009/08/14/el-muchacho-audaz-del-trapecio-volador-william-saroyan/

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  3. Hola Rosa. Me hace ilusión que te pases por el blog siempre que quieras. El texto del cuento lo puedes encontrar en: http://laperiodicarevisiondominical.wordpress.com/2009/08/14/el-muchacho-audaz-del-trapecio-volador-william-saroyan/

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  4. Hola!!! El día de hoy recién he visto sus comentarios!! Les agradezco tanto, pero tanto! No se imaginan! Abrazos!

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  5. Yo estoy encantada con tus visitas. Una abrazo desde España

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