28 de mayo de 2009

Alberti y la pintura

Si hacemos unas preguntas por la calle acerca de la figura de Rafael Alberti, la mayoría de personas nos contestarán: ¡a sí, hombre! Era un escritor, un poeta. Algunos, con suerte incluso nos dirán que era un poeta de la Generación del 27. Pero seguro que serán escasos los que conozcan que Rafael Alberti fue también un pintor.

En la página web oficial de escritor encontramos un interesante estudio sobre esta faceta del poeta, que paradójicamente fue la primera en manifestarse. Así podemos afirmar que la primera vocación de Rafael Alberti fue la pintura, patente ya en sus primeros años cuando en El Puerto de Santa María dibujaba los barcos que hasta allí llegaban. Pero su auténtico descubrimiento de la pintura se produce en 1917, cuando, por motivos familiares se traslada a Madrid y entra por primera vez en el Museo del Prado, al que años más tarde desde su destierro argentino rendirá homenaje en uno de sus libros mayores: A la Pintura, dedicado a Picasso. En él quedará plasmado no sólo su deslumbramiento hacia la pintura y hacia uno de los museos más bellos del mundo, sino también su minucioso conocimiento de las escuelas pictóricas, las técnicas y procedimientos utilizados, el estilo de cada pintor.

Su primera exposición es colectiva y la realiza en 1920 en Salón Nacional de Otoño de Madrid, junto a Vázquez Díaz, y dos años más tarde expone en el Ateneo de la misma ciudad. Su pintura vanguardista -que a más de un crítico en la actualidad le ha hecho recordar a Kandinsky- no será su definitivo ya que, tras la muerte de su padre, los primeros versos surgirán de su pluma.

Sin abandonar del todo su vocación pictórica, su vida va abriéndose a lo que será el centro de su inspiración: la poesía. Ambas vocaciones las fusionará Alberti en la creación de sus "liricografías", en las que dibuja sus versos ("diérame ahora la locura / que en aquel tiempo me tenía / para pintar la poesía con el pincel de la pintura"). Debajo del poeta late siempre el pintor y viceversa. Su poesía es plástica, llena de color, luminosa como su pintura. Antes de escribirla, según él, tenía que verla dibujada. Y su pintura tiene todo el lirismo de sus versos, el ritmo de sus composiciones métricas. Picasso, en un dibujo que le regaló, le puso la siguiente dedicatoria: "Del poeta Pablo Picasso al pintor Rafael Alberti".


Friso rítmico de un solo verso (Madrid 1923)



Friso de las danzarinas (Madrid 1920)


Su labor como pintor, aunque se acentuará más tarde en Italia, nunca la abandonará. Así, durante su exilio argentino, además de pintar para exponer en 1947 en el salón Arte Bella de Montevideo, también mostrará sus dibujos y liricografías en la sala V y en la Galería Bonino, de Buenos Aires. En 1954, y de nuevo en la capital argentina, hará una nueva exposición en Galería Galatea y al año siguiente la Galería Bonino le editará la carpeta Liricografías, poemas ilustrados con diez dibujos en color. En 1960 colgará sus cuadros en Galería Acquarella (Caracas), y en el Museo Histórico Nacional, de Bogotá. Su sentido artístico lo llevará a decorar todo tipo de muebles y objetos (abanicos, espejos, cajas, puertas), como una lúdica actividad para amigos y para complacer puntuales encargos que se le hacían.

Su llegada en 1963 a Italia, pondrá todavía más de manifiesto sus raíces italianas -Alberti Merello- con su estancia de catorce años en el barrio del Trastevere. Allí, quizás por la barrera del idioma, se expresa mucho mejor con los pinceles, y se relacionará, más que con poetas, con pintores y grabadores como Quatrucci, Vedova, Cagli o Mastroianni. Con estos últimos aprenderá distintas formas de grabado, entre ellos en plomo, muy poco conocido, y que asombró al propio Picasso cuando en una de sus visitas a Mougins, Alberti se los mostró. Su inquieta personalidad experimentará con todas las técnicas: témpera, acuarela, punta seca, collages,... Sus carpetas de serigrafías y litografías serán expuestas en las salas más prestigiosas de Italia.

La personal visión de Alberti para el diseño gráfico lo llevará a realizar diversos trabajos como cartelista. Algunos de sus carteles se difundieron por toda Italia, como Rapporto tra l´uomo e l´ambiente naturale y No allo sterminio degli ucelli, ambos en defensa de la naturaleza y el medio ambiente. Su amistad con Joan Miró, Antoni Tàpies, Manolo Rivera, Antonio Saura, Robert Motherwell, Roberto Matta, hará que colabore en trabajos conjuntos con muchos de ellos.

En 1964, presenta X Sonetos romanos, aguafuertes y grabados en plomo, con los que obtiene el primer premio de grabado en la V Rasegna d´Arte Figurativo di Roma, en 1966. Ese mismo año con motivo del 85 aniversario de Pablo Picasso realiza un conjunto de grabados en plomo y dibujos originales a color, Los ojos de Picasso, que se expusieron en la Galleria Il Segno, de Roma. Y en 1970 acaba su carpeta de serigrafías Corrida, en la que pone de relieve su personalísima visión de la fiesta de los toros e interpreta todas las suertes del toreo. En 1971, Homenaje a Picasso, carpeta de grabados, con motivo del noventa cumpleaños del pintor malagueño. En la Galería Rondanini de Roma presenta, en 1972, en la exposición titulada La palabra y el signo, la carpeta El lirismo del alfabeto, que consta de veintiséis serigrafías en color y otras tantas en blanco y negro. Ese mismo año expone toda su obra gráfica en la misma galería, con motivo del homenaje que se le rinde por su setenta aniversario. En 1975 la Fundación Rodríguez Acosta de Granada le encarga la carpeta Nunca fui a Granada. Su carpeta de serigrafías Canción de amor aparecerá en 1977.

Será también en Roma en donde Alberti realice El juego de la Oca-Toro, en madera serigrafiada, como un hermoso juego infantil en donde, acompañados por las figuras de estos dos animales, podemos recorrer todo el tablero, sujeto a las antiguas reglas del conocido "juego de la oca". Allí también diseñará dibujos para reproducir en bellísimos pañuelos de seda y pintará directamente sobre blusas y vestidos, incluso un capote de paseo para Luis Miguel Dominguín. La obra pictórica de Rafael Alberti se caracteriza por la luminosidad, en donde los colores, con preferencia pasteles, se combinan y difuminan con una sabiduría en contraste con esos trazos juveniles que asombran al haberlos realizados a tan avanzada edad.

Juego de la Oca-toro



En 1970, todavía Alberti en Italia, el Colegio de arquitectos de Cataluña y Baleares organiza en Barcelona una grandiosa exposición de su obra gráfica y poética. Tras su vuelta a España, su labor como pintor se verá solicitada para realizar durante varios años los carteles para los Cursos de Verano de la Universidad Complutense en El Escorial y los mismos celebrados en Almería. También se le encargarán, entre otros, carteles para Encuentros en el Mediterráneo, A orillas del Guadalquivir, Bienal de Flamenco de Sevilla, Homenaje a Machado, Claveles rojos para Mao-Tse Tung, Amnistía Internacional, Carnaval de Cádiz, Feria de El Puerto de Santa María, Centenario Jorge Guillén, Centenario Gerardo Diego... Sus dibujos ilustran libros propios y de otros autores, portadas de discos, así como carteles de toros, campañas del P.C. Su participación en el mundo del diseño gráfico ha sido muy abundante y elogiada, por su inconfundible personalidad que hace imposible no reconocer al instante su autoría.

En 1985 se presenta en Madrid Las 4 estaciones, carpeta compuesta de doce láminas, de las que un poema manuscrito y dos dibujos corresponden a cada estación del año. En 1990 realiza la carpeta Bestiario. En 1997 aparece su carpeta Todo Alberti, grabados en color agrupados en cuatro apartados: amor, naturaleza, toros y mar. ARCO, la Feria del Arte Contemporáneo, homenajeará al pintor, en 1991, con una exposición antológica de su pintura, de la que realizará el cartel anunciador.

Frente a los arabescos multicolores de otras épocas y la minuciosidad de orfebre en los más pequeños detalles, la última etapa de la pintura de Rafael Alberti se caracteriza, salvo excepciones, por la utilización de la línea única, sobria, de un solo trazo, como una adecuación de la edad a su actividad pictórica. Cabe destacar, sobre todo, los exuberantes desnudos femeninos en negro o aquellos de adolescentes en donde parece poner a prueba, una vez más, su prodigioso pulso.





[Texto principal extraído de la Web oficial de Rafael Alberti]

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