14 de abril de 2009

Sobre Crimen y castigo

A mi padre, in memoriam


Cuando tenía doce años en el colegio me mandaron leer El hobbit, de J.R.R. Tolkien. Habituada como estaba a libros de aventuras como los de los cinco, los Hollister, las aventuras de Bilbo Bolsón me parecieron el no va más de la Literatura. Pocos meses después de acabar el libro, me enteré que Tolkien había escrito El señor de los anillos, una obra en tres volúmenes y además ¡gordos!. Aquello fue mi perdición. Durante dos o tres años me paralizó el pensamiento la idea de que me encontraba ante la obra cumbre del siglo XX.
Vino a sacarme de mi estado de idiotez adolescente la lectura de un libro titulado Crimen y castigo, una de las novelas clásicas de la literatura rusa. Después de leerla varias veces, he podido valorar la auténtica riqueza de este libro.
Si tuvieramos que resumir la obra, podríamos decir que nunca un título fue un reflejo tan fiel de la trama que refiere. Y es que en Crimen y castigo asistimos a un doble asesinato cometido por Raskólnikov y al proceso de sufrimiento y castigo que después padece. Pero la obra es mucho más que un homicidio y una condena.
Si atendemos al crimen, Dostoievski realiza un magistral análisis del mismo, antes de que la idea surja en la mente de Raskólnikov. Al comienzo de la obra el protagonista está sumido en un estado preocupante: vive en una pensión de la peor estofa, evitando a la casera con la que está entrampado; pasa hambre; empeña sus últimos bienes a una vieja usurera; sufre el calor insoportable del verano y se encuentra en un estado de inactividad total.

En esta situación, Raskólnikov pasa las tardes echado en la cama de su cuchitril pensando. Y en sus pensamientos surge una idea a la que no se atreve a ponerle nombre. Poco a poco, sin embargo esa idea no le parece tan mala. La ocurrencia es ingeniosa. Y su plan es casi perfecto.
No haría daño a nadie, más bien liberaría a muchos desgraciados. Y es que, ¿no sería una buena solución matar a una vieja mala como lo es la viuda usurera para recuperar su dinero y volver a tener una situación algo desahogada? Una vez nombrada su idea, ésta se convierte en la obsesión de Raskólnikov, que decide calcular todos los riesgos que puede suponer ponerla en práctica, se da cuenta de que los elementos más preocupantes no son las constantes de la vida de la vieja, si no los imprevistos.
Cuando por fin decide cometer el crimen su teoría se hace realidad. En lugar de matar sólo a la vieja usurera, mata también a su hermana que es testigo accidental del crimen y que además es una persona con una discapacidad mental, conocida y querida por todos.
A partir de este momento comienza el tormento y el castigo de Raskólnikov. En primer lugar, la propia conciencia de su acción no le deja un resquicio de tranquilidad. No sólo ha matado a la viuda que odia, sino también a su hermana, una desgraciada, que estaba allí por error. Por otro lado, la idea de ser descubierto le atormenta sin descanso. Finalmente, su suplicio y su pobreza devienen en una especie de fiebre nerviosa que requiere la presencia del su madre y de su hermana, lo que le supone una gran humillación. Y es que sus familiares más cercanos desconocen el estado de miseria material en que se encuentra el personaje

Muchas lectores califican este libro como infumable, como un exceso en la indagación psicológica de un personaje exagerado. No estoy de acuerdo. Es cierto que puede parecer que el protagonista de la obra es un ser desmesurado, hiperbólico. Pero también lo es el hecho de que analizar lo que pasa por la mente de una persona de un modo detallado sólo es posible colocándola en una situación límite, como en este caso o bien anotando sus reacciones ante un sinfín de acontecimientos rutinarios, hasta que al fin se le pueda calar a la perfección. Y esto nos colocaría quizá ante un libro inmenso e infumable.

Raskólnikov es orgulloso. Pero a la vez tiene un corazón grande que se inclina hacia los más débiles, como es el caso de Sonia, la muchacha que se ve obligada a prostituirse para mantener a su familia. Es inteligente y se hace cargo rápidamente de las intenciones ajenas. Por ello no soporta la idea de que su hermana Dunia se case sin amor, con un hombrecillo despreciable, sólo para facilitar su ascenso en la sociedad. Reconoce la ingeligencia y la grandeza de quienes le rodean, como la de su amigo Razúmijin.
Y el gran logro de de Crimen y castigo no es sólo el análisis psicológico de los protagonistas, como repetiremos los estudiosos y los aficionados a la literatura hasta el fin de los tiempos, sino además todo el elenco de personajes más o menos importantes que van apareciendo al hilo de la acción. A este respecto es muy interesante el cuadro que en wikipedia se nos ofrece sobre los mismos. En el artículo dedicado a esta obra, su autor me desveló algo que sólo alguien que sepa ruso puede saber: los nombres de los personajes de Dovstoiewski son nombres parlantes, que revelan un rasgo esencial de su carácter.

En resumen, a lo largo de esta novela asistimos a un crimen que tiene como consecuencia la caída del buen concepto que de sí mismo tiene el protagonista, a su humillación más completa. Justo en ese momento, en el de su más profunda depresión, es cuando se produce su redención. Raskólnikov acepta que se ha equivocado y decide reparar el daño cometido, lo que le lleva al castigo propiamente dicho: el del exilio en Siberia. Sin embargo, esta aceptación de la culpa y de su penitencia, terminarán por limpiar su alma y le permitirán comenzar una nueva vida. Y es que todo crimen tiene su castigo, y todo castigo, su recompensa.

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