6 de abril de 2009

Ni de Eva ni de Adán

Entrada patrocinada por Librerías Troa


Si de he atenerme a la verdad, después de mi primer y último contacto con Amélie Nothomb en su obra Estupores y temblores, calificada por la crítica como el particular descenso a los infiernos de la escritora, me quedaban pocas ganas de volver a leer un libro suyo. No es que Estupores y temblores fuera un libro malo. Es que, como los mismos críticos han señalado , era un auténtico infierno contemplar como la protagonista se hundía cada vez más en la miseria en un mundo laboral en el que la venganza y la competitividad más agresivas eran las normas imperantes.
Cuando hoy he visto en la librería Ni de Eva ni de Adán, me ha picado el habitual gusanillo de darle una segunda oportunidad a la autora. Y menos mal que lo he hecho. En esta obra, de ritmo ágil y narración cuidada, la escritora ha conseguido hacerme reír y disfrutar con la aventura amorosa de la protagonista con un joven japonés.
Y es que la novela trata del viejo tema del amor. Ése que aparece desde el principio de la literatura, en todos los géneros y tradiciones, y que a ocupado y preocupado a tantos autores.
A lo largo de Ni de Eva ni de Adán nos encontramos con una joven belga, llamada como la autora -de hecho toda la obra tiene un sello autobiográfico importante-, que tras llegar a Japón, decide mejorar sus habilidades como hablante de la lengua nipona impartiendo a los nativos clases de francés.

Su primer estudiante, es un joven llamado Rinri. Se trata del típico chico japonés, distante, educado y claramente desesperado por su incapacidad para aprender francés. Amélie consigue desde la primera clase conectar con él, cuando le demuestra su propia dificultad con el japonés. Las clases se suceden y Amélie conoce a algunos amigos de Rinri, realiza excursiones con él, visita su casa y al final, tras una desastrosa intentona para hacer una fondue, acaba embarcada en una compleja relación sentimental con él.
Rinri es un joven bueno: es tierno, encantador, está muy enamorado de Amélie y trata siempre de que ésta se sienta bien. Cuando fracasa en sus intentos, su torpeza con el francés arregla los desaguisados, provocando la hilaridad de la joven.
Ésta, por su lado, está encantada con su relación. Por primera vez ha encontrado una persona que le ama en sí misma, tal y como es, y que no le hace daño .
Y ahí radica precisamente el problema. Como Rinri ama realmente a Amélie, se da cuenta de que quiere pasar el resto de su vida con ella, lo que provoca el pavor de la joven, quien quiere mantener a toda costa su libertad.
No voy a desvelar el desenlace de la novela. Sólo quiero decir que se trata de una narración bien construida, ágil, con un ritmo narrativo in crecendo, que la autora consigue gracias a la sabia organización de los capítulos.
Así, mientras en los primeros, Amélie relata uno a uno sus encuentros con Rinri, conforme avanza la novela divide en dos secciones cada uno de los capítulos, incluyendo de esta manera en una misma unidad narrativa más aventuras en común entre los dos jóvenes, hasta que éstos acaban estableciendo una relación amorosa. En ese momento todo se ralentiza. Los capítulos se dedican a profundizar en el tema del amor y su peculiar concepción que de él tiene la autora.
La de Amélie es una visión muy propia del siglo XXI: se busca el placer, el cariño, la compañía, la diversión, poco sufrimiento y ningún compromiso. Cuando éste se propone surge el temor y Amélie lo tiene muy claro:
Bendije al inventor de los noviazgos. La vida está jalonada de pruebas duras como piedras; una mecánica de fluidos permite, sin embargo, circular por ella. La Biblia, ese soberbio tratado de moral para uso de las piedras, las rocas y de los menhires, nos enseña admirables y petrificados principios: "¿que Tu verbo sea sí?, ¿sí, no? No. Lo que añadimos viene del Maligno", y los que los siguen son esos seres inquebrantables y de una sola pieza, queridos por todos. Por el contrario, hay criaturas incapaces de mantener esas actitudes graníticas y que, para avanzar, sólo pueden deslizarse, infiltrarse, dar un rodeo. Cuando te preguntan siquieres o no casarte con fulano, se sugieren noviazgos, nupcias líquidas. Los patriarcas pedregosos ven en ellas a traidores o embusteros, cuando en realidad son sinceros a la manera del agua. Si soy agua, ¿qué sentido tiene decirte que sí, que voy a casarme contigo? Esa sí que sería una mentira. El agua no puede retenerse. Sí, te regaré, te prodigaré con mi riqueza, te refrescaré, saciaré tu sed, pero qué sé yo lo que será el curso de mi río, nunca te bañarás dos veces en la misma novia.

Además del tema del amor, en Ni de Eva ni de Adán Amélie Nothomb trata de modo divertido los problemas causados por las diferencias culturales y también nos presenta un atractivo fresco del mundo japonés.
En definitiva, un libro muy divertido sobre una de las visiones más frecuentes de las relaciones amorosas en la actualidad, que permite reflexionar sobre la forma de ser del hombre moderno. Todo ello aderezado con reflexiones sobre la cultura, los traumas infantiles, la atracción por la naturaleza, la compulsividad y las obsesiones personales de la autora.


2 comentarios:

  1. Hi, it's a very great blog!
    I could tell how much efforts you've taken on it.
    Keep doing!

    ResponderEliminar
  2. Thanks you!
    My english is terrible in this moment, but I´ve understood what you want to say.
    I hope you can enjoy it a lot.
    Bye

    ResponderEliminar

ENTRADAS