2 de marzo de 2009

Rojo y negro

Para Rose, apasionada admiradora de este libro

Este fin de semana he terminado de leer por vez primera Rojo y negro. Posiblemente la mayoría de vosotros ya lo conocierais de antes e incluso, lo hayáis leido más de una vez.
Para mí ha sido un descubrimiento. Además de encontrar un libro muy bien escrito, me he dado de bruces con tres personajes que me han resultado muy interesantes, y en ocasiones, complejos. No en vano nos encontramos con una novela en la que la acción no impide un profundo análisis psicológico de los personajes.
Tomemos por ejemplo el caso del protagonista, Julián Sorel. Hijo de un carpintero, desde el comienzo de su vida se siente alejado de su familia, a la que desprecia. Es muy diferente a sus hermanos, que ayudan a su padre en el negocio de la madera.
Él se siente atraido por el mundo de los libros, la cultura y aspira a otra vida. Para ello decide hacerse sacerdote, creyendo que a través de dicha vocación obtendrá el poder sobre el pueblo, la entrada en los salones aristócratas y la capacidad de hacer una buena carrera. Y es que Julián representa la ambición por el poder y el desprecio por la hipocresía y las convenciones socialmente establecidas, pero es a la vez la encarnación de la hipocresía y del deseo de medrar tan propio de la sociedad.
Su deseo de triunfar y de humillar a la alta burguesía y a los ricos son uno de los motivos que le impulsan a la conquista de Madame Rênal, en cuya casa ha entrado a servir como preceptor de sus hijos. La idea de convertirse en el amante del hombre rico y grosero al que debe el sueldo se convierte en una obsesión y comienza su tarea de seducción.
Aprovechando su imagen de seminarista joven y guapo, va avanzando posiciones hasta conseguir el afecto y finalmente la entrega de Madame Rênal, quien, por otra parte tiene que sufrir un marido incapaz de comprender su sensibilidad. Una vez conquistada esta mujer, Julian Sorel se lleva una sorpresa: descubre que Madame Rênal le ama de verdad; que lo considera no como una aventura, sino como el amor de su vida. Esta implicación personal tan profunda de la persona de Madame Rênal hace que por primera vez en su vida Julián sienta el amor y abandone su postura de odio radical hacia las clases superiores:
En los primeros días de aquella nueva vida, hubo momentos en que, él que nunca había amado a nadie, ni tampoco había sido amado, encontraba un delicioso placer en ser sincero. Estuvo a punto de confesarle a la señora Rênal la ambición que hasta entonces había constituido la esencia misma de su existencia.
Sin embargo, Julian no tiene en cuenta una cosa. Si bien Madame Rênal es una mujer ingenua, también es una persona religiosa. Cuando su hijo pequeño, por el que siente adoración, contrae una grave enfermedad que está a punto de acabar con su vida, cree que se debe a un castigo de Dios por su adulterio, porque ahora se le presenta claro en su mente, lo que está cometiendo es adulterio, y decide olvidar el amor por Julian a cambio de la curación de su hijo.
Tras una estancia en el seminario, durante la cual Julián trata de granjearse las simpatías de los personajes más influyentes dentro de la curia, parte hacia París, al no poder soportar la vida llena de intrigas de esta institución religiosa.
Gracias a sus contactos entra a servir como secretario del Marqués de La Mole. Una vez instalado en su casa, conoce a la familia del Marqués: su mujer , su hijo Norberto y su hija Matilde.
Y es aquí cuando aparece la segunda mujer de la vida de Julián. Matilde de La Mole es una aristócrata, muy consciente de serlo, que se aburre profundamente de la vida en sociedad. Triunfa en todos los bailes por su belleza y todos los jóvenes del momento la cortejan, con la esperanza de lograr su mano. Y aquí es donde Matilde se aburre. Todos aquellos pretendientes sienten temor ante ella. No se atreven a llevarle la contraria. Admiran su talento y su hermosura y desean sus bienes materiales.
Julián por el contrario no presta atención a la joven. En su corazón todavía esta la imagen de Madáme Rênal y Matilde no le llama la atención. No es especialmente atento con ella, la ignora en numerosas ocasiones. Y Matilde, por primera vez en su vida, se siente profundamente interesada por Julián. Hasta el punto que Julián volverá a embarcarse en una segunda conquista, más napoleónica que la primera. Tras un primer triunfo y conquista de Matilde, ésta se aburre de él y lo ignora. Y Julián sufre como lo hacen los pretendientes que Matilde desprecia. Por ello, el encuentro con un príncipe ruso, amigo suyo, es fundamental para que consiga domar por completo el carácter de su nueva amante.
Con un plan maquiavélico, finge estar enamorado de otra mujer a la que empieza a cortejar y vuelve a ignorar por completo a Matilde. Al repetirse la situación inicial, Matilde vuelve a interesarse por el joven seminarista, hasta el punto se sometérsele completamente y declarar estar dispuesta a ser su esposa, algo que parece convertirse en una necesidad social cuando se descubre que está en estado.
Sin embargo, una carta de Madáme Rênal desbarata todos los planes de Matilde y Julián, y éste despechado dispara sobre su antigua amante, a la que sin embargo no consigue matar.
Una vez condenado a muerte, sus dos amantes giran entorno a él. Y Julián, cerca ya del día en que va a ser guillotinado, se inclina por el amor puro de Madáme Rênal. Porque ésta siempre le ha amado de un modo ingénuo y sincero, sacrificandole su honor y su posición de mujer casada.
Matilde por el contrario ha encontrado en Julián un personaje digno de una novela medieval, un ser completamente opuesto a la sociedad adocenada en la que vive.
Y finalmente se demuestra que Julián no se ha equivocado en su elección. Tras su muerte podemos ver la implicación real de las dos mujeres en su amor por Julian:


Matilde apareció entre ellos ataviada con largas vestiduras de luto y, al terminar la misa, mandó distribuir varios millares de monedas de cinco francos.
Una vez sola con Fouqué, quiso enterrar con sus propias manos la cabeza de su amante. Fouqué casi se vuelve loco de dolor.
Gracias a los cuidados de Matilde, aquella gruta salvaje fue adornada con mármoles lujosamente esculpidos en Italia.
La señora Rênal fue fiel a su promesa. No trató de atentar contra su vida pero, tres días después de la muerte de Julián, murió ella también abrazando a sus hijos.
Stendahl: Rojo y negro

1 comentario:

  1. Anónimo6/02/2009

    Mira me dice una persona experta en este libro lo siguiente: El libro puede herir la sensibilidad del lector por sus planteamientos de fondo y por la forma en tratarlos.
    Bueno yo no lo he leído y no puedo opinar. Un admirador

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