4 de marzo de 2009

Reyes Calderón


Para Nicole, in memoriam
He quedado a las 9 de la mañana para ver a Reyes. Es una de las pocas escritoras de bestsellers que están mi alcance y no quiero dejarla escapar. Tengo ventajas e inconvenientes para localizarla: trabaja en el mismo lugar que yo, pero jamás la he visto, ni en persona ni en foto, y soy muy despistada.
Pido un café descafeinado con sacarina -aborrezco el café y la sacarina, pero un refresco light a estas horas y con el frío que hace me parece peor- y me pongo a esperar.
He llegado pronto. Soy de esas personas que aunque se esfuerce por llegar tarde, siempre llega cinco minutos antes. Hablo con la camarera, una chica muy simpática que me da la noticia de que su prima, Nicole, de 13 años acaba de fallecer, después de unos meses ingresada a consecuencia de un derrame cerebral.
Llevo el café a una mesa, dejo los libros Los crímenes del número primo y El expediente Canaima de Reyes a la vista para que ésta me reconozca con facilidad y observo a mi alrededor.
No hay mucho movimiento todavía. Echo la sacarina en la taza, la disuelvo y me bebo el café como puedo. Entran algunos alumnos para desayunar.
Son las nueve y cuarto y sigo esperando. No creo que Reyes se retrase. No me da la impresión de ser una persona que falte a las citas. ¿Me habré equivocado de día o de lugar? De pronto una bombilla se enciende en mi cerebro: ¿y si no ha podido ver el mail que le envié hace unos días?. Abandono temerariamente mis libros y mi bolso en la cafetería de la universidad, me dirijo al bedel y le pido ayuda. Muy solícito llama al despacho de Reyes y en efecto, no había recibido el mensaje.

A los cinco minutos se presenta en la cafetería. De lejos me parece una chica joven y muy guapa. Conforme se acerca veo que su belleza no desaparece, pero percibo por alguna arruguita, que tiene más años que los que le había echado de lejos.
Nos damos un beso. Viste sobria y muy elegante, un traje gris con un pañuelo haciendo juego.
Nos ponemos hablar. Es encantadora y por lo que percibo, conoce la literatura, sobre todo la contemporánea, mejor que yo. A los cinco minutos me doy cuenta de que corro el peligro de quedarme hablando de literatura con ella toda la mañana. Reyes es lo que yo llamaría una mujer diez: decana de Económicas, doctorada en Filosofía, madre de nueve niños, y para colmo escritora.
Me confiesa que escribe por las noches mientras espera que le entre el sueño. También me entero de un dato fundamental: ¡existe la pastelería de bollería excelente que cita en Los crímenes del número primo cerca del juzgado de mi ciudad! Tendré que ir a probar con mi marido alguna de sus especialidades.
Como no quiero robarle demasiado tiempo, le paso un par de libros para que me los dedique y hacemos varios intercambios de información literaria: me entero de sus lecturas y ella de las mías, y decidimos que tenemos que vernos más.

Sólo me queda desear "esto puede ser el comienzo de una hermosa amistad"

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