27 de febrero de 2009

El regreso

El regreso de Joseph Conrad

Acostumbrados como estamos a que Joseph Conrad nos presente historias ubicadas en lugares remotos y exóticos, llenas de aventuras y desventuras, no deja de sorprender esta novela en la que el autor se dedica a analizar los problemas de un matrimonio burgués de conveniencia.
Alvan Hervey es un hombre de la alta burguesía británica. Posee todo lo que hay que tener para triunfar en su entorno: talento, seguridad, fortuna y una hermosa esposa, discreta, con la que consigue desarrollar una razonable vida social. Ambos conviven bajo el mismo techo, es cierto, pero no se comunican, no existe entre ellos una aútentica interacción, se limitan a vivir hacia afuera, con el fin de dar una imagen de triunfadores. Así dice Conrad:


"Pero todo aquello resultaba de lo más conveniente -y muy provechoso para él-, y hasta parecía agradar a su esposa, como si ella también sacara algún provecho especial y secreto de aquel contacto intelectual. Ella recibía los distintos invitados, tan correctos siempre, con una especie de gracia imponente e inapelable, muy suya, una gracia que despertaba en la imaginación de los impresionados visitantes una serie de imágenes incongruentes e inconvenientes, como la de un elefante, una jirafa, una gacela, o inclusive la de una torre gótica o un ángel gigante. Sus reuniones de los jueves se hicieron famosas en su círculo; y éste se ampliaba sin cesar, calle a calle; abarcando también tal o cual avenida o bulevar burgueses, y hasta algunas plazas.

Así vivieron juntos Alvan Hervey y su esposa cinco prósperos años. Con el tiempo acabaron conociéndose lo bastante para llevar en la práctica una existencia como la suya, pero eran tan incapaces de auténtica intimidad como lo serían dos animales que se alimentaran en el mismo pesebre, bajo el mismo techo, en unas lujosas cuadras. Una vez saciado, el deseo masculino de Hervey se convirtió en hábito; en cuanto a ella, había satisfecho ya sus aspiraciones: abandonar el hogar paterno, afirmar su personalidad, moverse en un círculo propio (mucho más elegante que el de sus progenitores), tener una casa para ella y su propia parcela personal de respeto, envidia y aprobación de la gente.

Se entendían mutuamente con cautela, de modo tácito, como un par de conspiradores circunspectos unidos en una conjura que hubiera de reportarles beneficios: eran incapaces de considerar un hecho, un sentimiento, un principio o una creencia salvo a la luz de su propia dignidad, gloria o provecho. Cogidos de la mano, se deslizaban por la superficie de la vida, en una atmósfera pura y gélida, a la manera de dos hábiles patinadores que dibujaran figuras sobre el hielo para admiración de los espectadores, y que ignorasen con desdén la corriente subterránea, la corriente tumultuosa y oscura, la corriente de la vida, profunda e inasequible a las heladas."


Un día al llegar a casa, Alvan descubre una carta de su mujer en la que ésta le anuncia que le deja por otro hombre. El universo de Alvan se desmorona. Su primera reacción es de rabia, de persona estafada por el engaño de un objeto del que esperaba otro funcionamiento. Luego el miedo le aturde. Su situación en la sociedad, el miedo a hacer el ridículo le asusta. Cuando todas este cúmulo de sentimientos aturde por completo su mente, le sorprende la repentina llegada a casa de su mujer.

La situación a la que asistimos a continuación es tragicómica. Los diálogos entre los protagonistas están llenos de desamor acumulado, de antiguos rencores que no han aflorado en el momento debido. Toda esta situación, desarrollada a lo largo de unas horas, hace que Alvan pase de un mero sentimiento de rabia a una profunda revisión sobre su concepción del amor.
Una obra maestra sobre sobre lo que el matrimonio no debe llegar a ser jamás.





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