4 de diciembre de 2009

Haiku de otoño I, 2


A Teresa Grandal, amante del gingko biloba.




Reloj solar,
marca el ginko la hora
sobre sus hojas.


@María Ángeles Lluch

28 de noviembre de 2009

La balada de Iza





Para Camino, mi compañera de trabajo y una ayuda imprescindible para llegar a los libros


Cuando me planteé por primera vez la elaboración de un blog personal, tenía claro que quería centrarlo en un ámbito que fuera importante para mí. Un mundo especial que fuera capaz de recoger mis inquietudes, trasmitirlas a los demás y a la vez escuchar los ecos de otras personas interesadas en esos temas.
Para ello, la literatura se presentó como el espacio ideal, virtual y artístico, en el que centrarme.
Diseñar el blog fue difícil: ya el nombre fue un problema. Todos los nombres bonitos estaban escogidos. Así que el que encontré en el fondo de mi imaginación fue un hallazgo precioso.
Dentro de una gran biblioteca, como la de Alejandría, un pequeño espacio, un rincón acogedor, gemütlich, como dirían los alemanes, en el que los visitantes se sintieran importantes y en familia.
Ahora, con un horario de locos que me obliga a madrugar más que a los gallos, muchas veces echo de menos tener más tiempo para poder escribir más entradas. A veces, algunos seguidores me bombardean: escribe más, ¿por qué no publicas más entradas en el blog?
No me olvido en absoluto de mi rincón. Es más, dentro de mi cabeza y de mi corazón existe este rincón. Pero precisamente por el cariño con el que lo he creado quiero que las entradas tengan un nivel mínimo, el que vosotros y yo nos debemos.
En la actualidad trabajo en una biblioteca. Podéis reiros, pero he acabado donde debía terminar. Y aquí, en la sección de catalogación, a cuyos componentes dedico esta entrada, me doy cuenta cada día más de la inmensa ignorancia en la que vivo.
Así puedo abordar la novela que estoy leyendo en estos momentos. Es una obra de Magda Szabó. Hace un mes no os habría podido decir nada de esta escritora húngara, cuya prosa sencilla, elegante y emotiva, esta calando en mi alma.
Investigando la autoría de un libro del siglo XIX con mi compañera de trabajo, Camino, fue cuando fui a parar al lomo de este libro. Precisamente fue Camino la senda que me dirigió hasta él.
En esta obra he reconocido muchas voces de autores que he leído en el pasado: Shakespeare, Turgeniev, Casona o Carmen Martín Gaite en versión mejorada.
La novela de la que estoy hablando nos presenta el conflicto que surge cuando al morir Vince en un sencillo pueblo, su hija Iza decide llevarse consigo a su madre a Budapest para evitar que se encuentre sola, languidezca y muera.
Sin embargo la realidad no es tan sencilla como parece. Pronto surgen conflictos entre las dos protagonistas de esta novela que la autora bien podría haber titulado Madres e hijas. Iza es una mujer divorciada, médico de renombre, con una vida afianzada en la capital. Su madre es una aldeana sin estudios, de gran sensibilidad y capacidad de observación.
Ambas comparten un rasgo de carácter: su orgullo. Este elemento se convertirá precisamente en el obstáculo para que se establezca entre ellas la comunicación necesaria para la convivencia cotidiana.

Iza se sacrifica para que la anciana se sienta segura y útil en el hogar, pero no de un modo desinteresado, sino como si la anciana tuviera que encajar en su complejo mundo diario a la perfección para que su imagen externa siga siendo la de una persona excepcional, capaz de solventar todos los problemas., incluso los más complejos, que surgen en su existencia Sin embargo, ésta advierte el esfuerzo de ambas y en un afán de no causar problemas se va recluyendo en sí misma sin manifestar su opinión, ni tomar decisiones propias.
Los días en Budapest se suceden iguales y monótonos. Pero la llegada de noviembre y la fiesta de difuntos remueven el corazón de la madre de Iza, que decide volver a su aldea para asegurarse de que la tumba de su marido ha quedado dispuesta tal como ella quería.
El reencuentro con su pueblo, sus vecinos, el ex-marido de Iza, con su conejo Capitán, van destruyendo poco a poco el muro de piedra que con el que ha procurado proteger sus sentimientos más delicados en el mundo de Iza.
El ritmo de esta narración en el que los objetos más nimios adquieren una honda importancia es lento y se ordena en torno a una alternancia en los puntos de vista desde los que se enfoca la acción de la obra, unos puntos de vista que a duras penas llegan a comunicarse y que nos muestran el interior de unos personajes atormentados por distintos demonios, de los cuales el peor es el de Iza, una mujer valerosa, valiente e inteligente, incapaz de abandonarse en una entrega generosa y confiada en aquellos que más le quieren.
Dura por el tema tratado, inteligente, delicada y matizada en el modo de abordarlo y perfecta hasta el desenlace, La balada de Iza es una obra imprescindible para lectores ávidos de buena literatura, que disfrutarán con esta novela de ritmo lento.


12 de noviembre de 2009

Momentos


Para Julia, que estará naciendo ahora







Cuánto ha costado
hacer este momento,
nadie lo sabe.


Insausti, Gabriel: Cristal ahumado

1 de noviembre de 2009

De Oblomov y otros gusanos

Para Mercedes, en su cumpleaños



A veces sucede que al simultanear la lectura de dos libros, encontramos entre ellos un vínculo que en principio no esperábamos entre obras tan dispares. Probablemente se deba a que la inteligencia, conmovida por la lectura, se encuentre más despierta para detectar las alusiones que se refieren a alguno de los elementos constitutivos de las obras.

Este fenómeno me sucedió hace unas semanas mientras leía Oblómov, una típica novela decimonónica rusa, y Radiaciones, un diario de Ernst Jünger sobre sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial. Dice este último autor:


"Siempre que vemos un gusano retorcerse, con nuestra conmiseración se mezcla también la repugnancia; algo parecido nos ocurre con el cerdo, el cual es afín al gusano en el modo de sufrir. Supongo que es así como se paga una existencia desprovista de preocupaciones -el gusano vive en la tierra grasa como si estuviera en el país de Jauja, y el cerdo se ha dejado degradar a la condición de glotón grasiento, un giro para el cual cabe presuponer que hubo, sino consentimiento, si idoneidad. En contraste con esto hay animales a los que vemos sufrir con mucha nobleza. En otros gusanos que viven de la depredación, como es el caso de los poliquetos, errantes, y en especial, de los quetognatos del género Sagitta, existen especies dotadas de una gran belleza, que a menudo he admirado a orillas del mar. Aquí vemos como lo que otorga nobleza no es el parentesco de sangre sino el modo de vivir."


Al leer este párrafo, tan trivial y descriptivo en su comienzo como trascendente en sus conclusiones me conmovió la profunda relación que entreví entre los dos tipos de gusanos y las figuras de la novela que estaba leyendo.

Oblómov es una obra de Iván Gonchárov, protagonizada esencialmente por dos personajes: Oblóvmov, un joven de la aristocracia rusa, acostumbrado desde su infancia a no hacer nada por sí mismo y por Scholz, su amigo hijo de un matrimonio formado por una aristócrata rusa y un alemán burgués, que supone la antítesis del temperamento de Oblómov.
Mientras éste deja pasar los días tumbado en un diván, con la misma ropa y sin atender a las ocupaciones que su hacienda genera, Scholz viaja por el mundo, ocupado en sus negocios y en dirigir su vida hacia un rumbo que tiene claro.

A pesar de la disparidad de caracteres, Oblomov (al que podríamos calificar de gusano de tierra grasa), y Scholz (el gusano depredador en palabras de Jünger) no interrumpen su amistad y continúan viéndose. Ante la decadencia de su amigo, Scholz intenta sacarlo de su inercia: le obliga a salir de su casa, lo lleva a bailes, le presenta a jóvenes atractivas y finalmente le pide que viaje con él al extranjero. Oblómov accede, pero cuando llega la fecha prevista, no acude al encuentro de su amigo. La razón no es otra que el amor que siente por una de las jóvenes que le ha presentado el alemán.
Pero si el modo de actuar sigue al modo de ser, el modo de amar también se corresponde con éste y Oblómov ama precisamente de una manera pasiva, sin tomar la iniciativa y dejando que sea su novia la que tome la iniciativa en todo momento.
Nos encontramos ante una novela que se debe calificar de clásica. En ella los dos personajes masculinos bailan, uno sentado y otro en continua acción en busca de la verdad, la belleza y, ante todo, el amor. Para tener en casa y releer con pausa.

4 de octubre de 2009

Viaje al pasado

Si nos detenemos a considerar los temas que se abordan en la literatura puede sorprendernos la exigüidad de los mismos.
Los argumentos se multiplican, pero los núcleos temáticos permanecen: las grandes pasiones humanas (la ambición, el ansia de poder, el amor en todas sus manifestaciones), las inquietudes del ser humano (la inmortalidad, la verdad, la belleza) y sus grandes logros junto con sus pequeñeces e inmundicias.
Uno de los temas más frecuentes en la literatura de todos los tiempos es el del amor. Stefan Zweig lo hace en esta novela que nos presenta editorial Acantilado de una manera original. La acción se inicia en una estación de tren donde dos enamorados se encuentran después de una larga separación. Mientras realizan el trayecto hacia el lugar donde van a pasar la noche, el autor lleva a cabo una retrospección, a través de la cual nos muestra una historia de amor que se remonta muchos años atrás, cuando el protagonista, un pobre e inteligene trabajador es llamado por el director de la empresa para que vaya a vivir a su casa y le ayude como secretario. Desde el principio, la mujer del director tiene pequeños detalles con el joven secretario, quien siente cómo, lo que en un principio era un lugar distante se convierte en su hogar. Un día, el director le llama para anunciarle una nueva misión: debe partir a Mexico para realizar un trabajo delicado durante dos años.
El anuncio de esta separación de la mujer que ha ido dando color a su vida durante el tiempo de su estancia en la casa del dueño de la empresa, hace que el protagonista descubra el amor que siente por ella, cómo no puede soportar la idea de estar lejos de su serena influencia.
Tras descubrir que su amor es correspondido por la mujer del director, que se promete esperarlo, el protagonista parte a su nuevo destino, donde le sorprenderá el estallido de la primera guerra mundial. Esto, junto con la ausencia de noticias de su amada, le llevará a contraer matrimonio con una joven alemana que reside en México.
La novela de Zweig plantea con delicadeza el tema del amor, sus más intrincados recovecos y en especial la incidencia que el transcurso del tiempo y la vida tienen en él. Así la novela se basa principalmente en la técnica retrospectiva, en un viaje al pasado desde el tiempo presente en el que el protagonista se promete una pronta consumación de su amor.

20 de septiembre de 2009

El complejo de Peter Pan





Todos hemos oído contar, seguramente, la historia de Peter Pan, un niño que no quería crecer y que habitaba en un mundo mágico, el Reino de Nunca Jamás, en el que el único adulto es un malvado pirata, con un garfio que hace las veces de su mano izquierda, devorada por un cocodrilo.
Esta historia se ha interpretado como el complejo psicológico de algunos seres humanos de permanecer a toda costa en el mundo de la infancia y, por tanto, de la inocencia perpetua, lo que conduce a una huida constante de cualquier situación que suponga un crecimiento interior
Hace ya unas semanas acabé de releer El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, una novela que conocí bastante joven y que me hizo reír y me emocionó en algunos pasajes, pero que no terminé de entender.
Holden Caulfield, el joven protagonista de la narración, relata sus vivencias en Nueva York, después de haber sido expulsado de un internado de lujo, experiencia que no es nueva para él. En plena adolescencia, Holden rechaza el mundo que le rodea, especialmente cuando cree detectar en él falta de sinceridad, hipocresía o egoísmo. Sin embargo Holden es un personaje tierno, capaz de sentir compasión cuando ahonda en algunos de los personajes que le rodean y que tiene una especial debilidad por los niños. Y es que Holden está marcado por la muerte de su hermano pequeño Allie, que falleció debido a una leucemia.
Anclado en esa etapa de su vida de la que no quiere salir, como Peter Pan, su único deseo para su futuro es pasar la vida cuidando niños, evitando los peligros que les rodean. Su amor hacia los más pequeños se refleja en la pasión que siente hacia su hermana pequeña Phoebe, personaje con el que mantiene los diálogos más tiernos de esta obra que no puedo menos que recomendar.


19 de septiembre de 2009

Buenas noticias para el Rincón

Ésta es una noticia breve, pero para mí y espero que para todos los que participáis de una manera u otra en este blog, importante por sus repercusiones intelectuales.
RecBib, una página web dedicada al mundo de la Biblioteconomía, la Documentación, los Archivos, y sobre todo tipo de aspectos relacionados con los libros ha incluido este rincón en la lista de sus blogs recomendados.
Para aquéllos de vosotros que seáis bibliotecarios o trabajéis en una biblioteca (sé que hay algunos por ahí escondidos entre alias muy raros) os invito a que visitéis esta página donde encontraréis artículos muy interesantes, enlaces a otros blogs, información sobre cursos, oposiciones y noticias de interés general.

Gracias a todos por seguir ahí.


Google Books, ahora a medida

Google Book Search y la empresa On Demand Books anunciaron ayer un acuerdo que permitirá imprimir a medida, en tiendas de todo el mundo y en apenas cuatro minutos, los dos millones de libros que Google ha escaneado a lo largo de los últimos cinco años y cuyos derechos de autor ya no están vigentes. Es decir, Hamlet, Moby Dick y todas las obras anteriores a 1923, incluidas las descatalogadas. Si el gigante digital consigue ganar la disputa que actualmente mantiene con gran parte del sector editorial en relación a los libros que aún tienen copyright, otros cuatro millones de obras podrían entrar en el acuerdo, convirtiendo la impresión instantánea de prácticamente cualquier libro en una realidad, aunque de momento, todo juega en su contra. Google se enfrenta a más de 400 alegaciones contra el acuerdo editorial que firmó el pasado año y que de momento no tiene visos de ratificarse. El próximo 7 de octubre habrá una vista pública del caso en Nueva York.

No obstante On Demand Books podrá imprimir a partir del 29 de septiembre esos dos millones de libros mencionados en su Espresso Book Machine, con capacidad para imprimir 300 páginas en blanco y negro y una portada en color en apenas cuatro minutos. Con un gasto de unos tres dólares en materiales. Su precio es de 100.000 dólares, por lo que de momento apenas la tienen un puñado de universidades, bibliotecas y librerías en apenas cuatro países -Estados Unidos, Canada, Reino Unido y Egipto-, pero si aumentara su demanda el precio bajaría sustancialmente, algo que este acuerdo podría impulsar. Además On Demand Books también ofrece la posibilidad de alquilarla.

La empresa asegura que tiene capacidad para imprimir 60.000 libros anuales y aconseja a las tiendas que los vendan por unos ocho dólares (menos de seis euros), dejándole un beneficio neto a los comercios de tres dólares, tras pagar los dos que Google Book Search y On Demand Books se llevarán de comisión. Todo lo que ingrese Google, de momento, se donará a causas benéficas, una decisión sin duda motivada por la investigación por monopolio a la que está sometida actualmente por parte del Departamento de Justicia estadounidense y cuyas primeras conclusiones también se conocerán en octubre. "Esto es una revolución. Ahora el contenido está centralizado pero la distribución se descentraliza", afirmó ayer Dane Neller, presidente de On Demand Books tras anunciar el acuerdo. Su idea es que su impresora se popularice entre los propietarios de librerías pequeñas, de forma que puedan hacerle la competencia a colosos como Amazon.


Noticia tomada de El país

18 de septiembre de 2009

Los clásicos también ríen





Muchas veces, cuando nos planteamos leer escritores como Góngora o Quevedo, se nos ponen las neuronas como escarpias sólo con la idea de enfrentarnos a unos creadores clásicos, del siglo de oro a los que suponemos enfrascados en temas y modos de escribir que escapan por completo de nuestro alcance.
Sin embargo, una de las grandes vetas de la creación literaria del siglo de Oro fue, sin duda alguna, la satírica y humorística.
A veces acceder a estas obras puede resultar difícil, no porque realmente lo sean, sino porque carecemos de la información previa necesaria para poder enfrentarnos a los textos.
Hoy reproduzco un poema de Góngora, que conocí una vez terminados mis estudios y con el que pasé un buen rato. Nos ofrece desde una perspectiva esperpéntica casi, la trágica historia de Píramo y Tisbe.
Píramo y Tisbe eran dos habitantes de Babilonia, ciudad amurallada con ladrillos, que se conocían desde su infancia, porque eran vecinos. Se comunicaban con miradas y signos desde sus jardines, hasta que, con el paso del tiempo, descubrieron una grieta en el muro que separaba sus casas.
A pesar de la prohibición paterna se enamoraron y concertaron una cita nocturna. Tisbe llego la primera. Pero la aparición de una leona le obligó a esconderse entre la maleza dejando caer su velo junto a la fuente. La leona, que venía de cazar, jugueteó con la prenda de la joven manchándola de sangre. Después de beber en la fuente que había en el lugar, se marchó.
Al llegar, Píramo descubrió las huellas y el velo manchado de sangre, y creyó que un animal mató a Tisbe, por lo que se suicidó clavándose un puñal. Poco después, Tisbe salió de su escondite y al ver muerto a su amado, se clavó en la misma espada que él.
Este argumento, digno de culebrón venezolano, fue desarrollado de la siguiente forma por Góngora


La ciudad de Babilonia
--famosa, no por sus muros--
(fuesen de tierra cocidos
o sean de tierra crudos),
sino por los dos amantes,
desdichados hijos suyos,
que, muertos, y en un estoque,
han peregrinado el mundo--
citarista dulce, hija
del Archipoeta rubio,
si al brazo de mi instrumento
le solicitas el pulso,
digno sujeto será
de las orejas del vulgo:
popular aplauso quiero;
perdónenme sus tribunos.

Píramo fueron y Tisbe,
los que en verso hizo culto
el licenciado Nasón
(bien romo o bien narigudo)
dejar el dulce candor
lastimosamente oscuro
al que túmulo de seda
fue de los dos casquilucios
moral que los hospedó;
y fue condenado al punto,
si del Tigris no en raíces,
de los amantes en frutos.

Estos, pues, dos babilonios
vecinos nacieron mucho
y tanto, que una pared
de oídos no muy agudos
en los años de su infancia
oyó a las cunas los tumbos,
a los niños los gorjeos
y a las amas los arrullos.
Oyólos, y aquellos días
tan bien la audiencia le supo,
que años después se hizo
rajas en servicio suyo.

En el ínterin nos digan
los mal formados rasguños
de los pinceles de un ganso
sus dos hermosos dibujos.
Terso marfil su esplendor,
no sin modestia, interpuso
entre las ondas de un sol
y la luz de dos carbunclos.
Libertad dice llorada
el corvo süave luto
de unas cejas, cuyos arcos
no serenaron diluvios.
Luciente cristal lascivo
(la tez, digo, de su vulto)
vaso era de claveles
y de jazmines confusos.
Arbitro de tantas flores
lugar el olfato obtuvo
en forma no de nariz,
sino de un blanco almendruco.
Un rubí concede o niega,
según alternar le plugo,
entre veinte perlas netas
doce aljófares menudos.
De plata bruñida era
proporcionado cañuto,
el órgano de la voz,
la cerbatana del gusto.
Las pechugas, si hubo fénix,
suyas son; si no la hubo,
de los jardines de Venus
pomos eran no maduros.
El etcoetera es de mármol,
cuyos relieves ocultos
ultraje mórbido hicieran
a los divinos desnudos
la vez que se vistió Paris
la garnacha de Licurgo
cuando Palas por vellosa
y por zamba perdió Juno.

A ésta desde el glorïoso
umbral de su primer lustro
niña la estimó el Amor
de los ojos que no tuvo.
Creció deidad, creció invidia
de un sexo y otro. ¿Qué mucho
que la fe erigiese aras
a quien la emulación culto?
Tantas veces de los templos
a sus posadas redujo
sin libertad los galanes
y las damas sin orgullo,
que viendo quien la vistió
(nueve meses que la trujo)
de terciopelo de tripa
su peligro en los concursos,
las reliquias de Tisbica
engastó en lo más recluso
de su retrete, negado
aun a los átomos puros.

¡O Píramo lo que hace,
joveneto ya robusto,
que sin alas podía ser
hijo de Venus segundo!
Narciso, no el de las flores
pompa, que vocal sepulcro
construyó a su boboncilla
en el valle más profundo,
sino un Adonis caldeo
ni jarifo, ni membrudo
que traía las orejas
en las jaulas de dos tufos.
Su copetazo pelusa,
si tafetán su testuzo;
sus mejillas mucho raso;
su bozo poco velludo.
Dos espadas eran negras
a lo dulcemente rufo
sus cejas, que las doblaron
dos estocadas de puño.
Al fin en Píramo quiso
encarnar Cupido un chuzo,
el mejor de su armería,
con la herramienta al uso.

Este, pues, era el vecino,
el amante y aun el cuyo
de la tórtola doncella
gemidora a lo vïudo:
que de las penas de amor
encarecimiento es sumo
escuchar ondas sediento
quien siente frutas ayuno.
Intimado el entredicho
de un ladrillo y otro duro,
llorando Píramo estaba
apartamientos conjuntos,
cuando fatal carabela
(émula, mas no del humo
en los corsos repetidos)
aferró puerto seguro;
familïar tapetada
que, aun a pesar de lo adusto,
alba fue, y Alba a quien debe
tantos solares anuncios.
Calificarle sus pasas
a fuer de Aurora propuso,
los Críticos me perdonen
si dijere con ligustros.
Abrazóle sobarcada
--y no de clavos malucos--
en nombre del azucena,
desmentidora del tufo,
siendo aforismo aguileño,
que matar basta a un difunto
cualquier olor de costado,
o sea morcillo o rucio.
Al estoraque de Congo
volvamos, Dios en ayuso,
a la que cuatro de a ocho
argentaron el pantuflo.
Avispa con libramiento
no voló como ella anduvo;
menos un torno responde
a los devotos impulsos,
que la mulata se gira
a los pensamientos mudos.

¡O destino inducidor
de lo que has de ser verdugo!
Un día que subió Tisbe,
humedeciendo discursos,
a enjugarlos en la cuerda
de un inquïeto columpio,
halló en el desván acaso
una rima que compuso
la pared sin ser poeta,
más clara que las de alguno.
Había la noche antes
soñado sus infortunios;
y, viendo el resquicio entonces,
-Esta es, dijo, no dudo;
ésta es, Píramo, la herida
que en aquel sueño importuno
abrió dos veces el mío
cuando una el pecho tuyo.
La fe que se debe a sueños
y a celestiales influjos
bien lo dice de mi aya
el incrédulo repulgo.
¿Lo que he visto a ojos cerrados
más auténtico presumo
que del amor que conozco
los favores que descubro?
Efecto improviso es,
no de los años diuturno,
sino de un niño en lo flaco
y de un dios en lo oportuno.
Pared que nació conmigo,
del amor sólo el estudio,
no la fuerza de la edad,
desatar sus piedras pudo.
Mas ¡ay! que taladró niño
lo que dilatara astuto;
que no poco daño a Troya
breve portillo introdujo.
La vista que nos dispensa
le desmienta el atributo
de ciego en la que le ata
ociosa venda el abuso.
Llegó en esto la morena,
los talares de Mercurio
calzada en la diligencia
de diez argentados puntos,
y, viendo extinguidos ya
sus poderes absolutos
por el hijo de la tapia,
que tendrá veces de Nuncio,
si distinguirse podía
la turbación de lo turbio,
su ejercicio ya frustrado
le dejó el ébano sucio.
Otorgó al fin el infausto
abocamiento futuro
y, citando la otra parte,
sus mismo autos repuso.

Con la pestaña de un lince
barrenando estaba el muro,
si no adormeciendo Argos
de la suegra substitutos,
cuando Píramo, citado,
telares rompiendo inmundos
que la émula de Palas
dio a los divinos insultos,
-Barco ya de vistas, dijo,
angosto no, sino augusto,
que, velas hecho tu lastre,
nadas más cuando más surto,
poco espacio me concedes;
mas basta, que a Palinuro
mucho mar le dejó ver
el primero breve surco.
Si a un leño conducidor
de la conquista o del hurto
de una piel fueron los dioses
remuneradores justos,
a un bajel que pisa inmóvil
un Mediterráneo enjuto
con los suspiros de un sol
bien le deberán coluros.
Tus bordes beso piloto,
ya que no tu quilla buzo,
si revocando mi voz,
favorecieses mi asunto.
Dando luego a sus deseos
el tiempo más oportuno,
frecuentaban el desván,
escuela ya de sus cursos.
Lirones siempre de Febo,
si de Dïana lechuzos,
se bebían las palabras
en el polvo del conducto.
¡Cuántas veces impaciente
metió el brazo, que no cupo,
el garzón, y lo atentado
le revocaron por nulo!
¡Cuántas el impedimento
acusaron de consuno,
al pozo que es de por medio,
si no se besan los cubos!

Orador Píramo entonces,
las armas jugó de Tulio,
que no hay áspid vigilante
a poderosos conjuros.
Amor, que los asistía,
el vergonzoso capullo
desnudó a la virgen rosa
que desprecia el tirio jugo.
Abrió su esplendor la boba
y a seguillo se dispuso:
¡trágica resolución,
digna de mayor coturno!
Medianoche era por filo
--hora que el farol nocturno,
reventando de muy casto,
campaba de muy sañudo--
cuando, tropezando Tisbe,
a la calle dio el pie zurdo,
de no pocos endechada
caniculares aúllos.

Dejó la ciudad de Nino
y, al salir, funesto buho
alcándara hizo umbrosa
un verdinegro aceituno.
Sus pasos dirigió donde
por la boca de dos brutos
tres o cuatro siglos ha
que está escupiendo Neptuno.
Cansada llegó a su margen,
a pesar del abril, mustio;
y, lagrimosa, la fuente
enronqueció su murmurio.
Olmo, que en jóvenes hojas
disimula años adultos,
de su vid florida entonces
en los más lascivos nudos,
un rayo sin escuderos
o de luz o de tumulto
le desvaneció la pompa
y el tálamo descompuso.
No fue nada: a cien lejías
dio ceniza. ¡O cielo injusto,
si tremendo en el castigo,
portentoso en el indulto!
La planta más convecina
quedó verde; el seco junco
ignoró aun lo más ardiente
del acelerado incurso.
Cintia caló el papahigo
a todo su plenilunio
de temores velloríes,
que ella dice que son nublos.
Tisbe entre pavores tantos
solicitando refugios,
a las ruïnas apela
de un edificio caduco.
Ejecutarlo quería
cuando la selva produjo
del egipcio o del tebano
un cleoneo trïunfo,
que en un prójimo cebado
(no sé si merino [o] burdo),
babeando sangre, hizo
el cristal líquido impuro.
Temerosa de la fiera
aun más que del estornudo
de Júpiter, puesto que
sobresalto fue machucho,
huye, perdiendo en la fuga
el manto: ¡fatal descuido
que protonecio hará
al señor Piramiburro!
A los estragos se acoge
de aquel antiguo reducto,
noble ya edificio, agora
jurisdicción de Vertumno.
Alondra no con la tierra
se cosió al menor barrunto
de esmerjón como la triste
con el tronco de un saúco.
Bebió la fiera, dejando
torpemente rubicundo
el cendal que fue de Tisbe,
y el bosque penetró inculto.

En esto llegó el tardón,
que la ronda le detuvo
sobre quitarle el que fue,
aun envainado, verdugo.
Llegó, pisando cenizas
del lastimoso trasunto
de sus bodas, a la fuente,
al término constituto;
y, no hallando la moza,
entre ronco y tartamudo
se enjaguó con sus palabras,
regulador de minutos.
De su alma la mitad
cita a voces, mas sin fruto,
que socarrón se las niega
el eco más campanudo.
Troncos examina huecos,
mas no le ofrece ninguno
el panal que solicita
en aquellos senos rudos.

Madama Luna a este tiempo
a petición de Saturno
el velo corrió al melindre
y el papahigo depuso
para leer los testigos
del proceso ya concluso,
que publicar mandó el hado
cuál más, cuál menos perjuro:
las huellas cuadrupedales
del coronado avernucio,
que a esta sazón bramando,
tocó a vísperas de susto;
las espumas que la hierba
más sangrientas las expuso,
que el signo las babeó,
rugiente pompa de julio;
indignamente estragados
los pedazos mal difusos
del velo de su retablo,
que ya de sus duelos juzgo.
Violos y, al reconocerlos,
mármol obediente al duro
cincel de Lisipo, tanto
no ya desmintió lo esculto
como Píramo lo vivo,
pendiente en un pie a lo grullo,
sombra hecho de sí mismo,
con facultades de bulto.
Las señas repite falsas
del engaño a que le indujo
su fortuna, contra quien
ni lanza vale ni escudo.
Esparcidos imagina
por el fragoso arcabuco
(ebúrneos diré, o divinos?
Divinos digo y ebúrneos.)
los bellos miembros de Tisbe;
y aquí otra vez se traspuso,
fatigando a Praxiteles
sobre copiallo de estuco.

La Parca, en esto, las manos
en la rueca y en el huso,
como dicen, y los ojos
en el vital estatuto,
inexorable sonó
la dura tijera, a cuyo
mortal son Píramo, vuelto
del parasismo profundo,
el acero que Vulcano
templó en venenosos zumos,
eficazmente mortales
y mágicamente infusos,
valeroso desnudó
y no como el otro Mucio
asó entrépido la mano,
sino el asador tradujo
por el pecho a las espaldas.
¡O tantas veces insulso
cuantas vueltas a tu hierro
los siglos dieren futuros!
¿Tan mal te olía la vida?
¡Oh bien hi de puta, puto
el que sobre tu cabeza
pusiera un cuerno de juro!

De vïolas coronada
la Aurora salió con zuño,
cuando un gemido de a ocho
--aunque mal distinto el cuño--,
cual engañada avecilla
de cautivo contrapunto
a implicarse desalada
en la hermana del engrudo,
la llevó donde el cuitado
en su postrimero turno
desperdiciaba la sangre
que recibió por embudo.
Ofrécele su regazo
--y yo le ofrezco en su muslo
desplumadas las delicias
del pájaro de Catulo.
En cuanto boca con boca
confitándole disgustos
y heredándole aun los trastos
menos vitales estuvo,
expiró al fin en sus labios;
y ella, con semblante enjuto
que pudiera por sereno
acatarrar a un centurio
con todo su morrïon,
haciendo el alma trabuco
de un '¡ay!', se caló en la espada
aquella vez que le cupo.
Pródigo desató el hierro,
si crüel, un largo flujo
de rubíes de Ceilán
sobre esmeraldas de Muso.

Hermosa quedó la muerte
en los lilios amatuntos,
que salpicó dulce hielo,
que tiño palor venusto.
Lloraron con el Eufrates
no sólo el fiero Danubio,
el siempre Araxes flechero
--cuando parto y cuando turco--,
mas con su llanto lavaron
el Bucentoro dïurno,
cuando sale, el Ganges loro;
cuando vuelve, el Tajo rubio.
El blanco moral, de cuanto
humor se bebió purpúreo,
sabrosos granates fueron
o testimonio o tributo.

Sus muy reverendos padres,
arrastrando luengos lutos
con más colas que cometas,
con más pendientes que pulpos,
jaspes (y de más colores
que un áulico disimulo)
ocuparon en su huesa,
que el siro llama sepulcro;
aunque es tradición constante,
si los tiempos no confundo
(de cronólogos, me atengo
al que calzare más justo),
que ascendiente pío de aquel
desvanecido Nabuco,
que pació el campo medio hombre,
medio fiera y todo mulo,
en urna dejó decente
los nobles polvos inclusos,
que absolvieron de ser huesos
cinamomo y calambuco;
y en letras de oro: "Aquí yacen
individuamente juntos,
a pesar del amor, dos;
a pesar del número, uno."

14 de septiembre de 2009

Yolanda y yo

Para Yoli en el día de su no cumpleaños

Cuando Yoli era pequeña, tan pequeña que las piernas no le llegaban al suelo desde su cama, el mayor entretenimiento de su hermano era contarle cuentos adaptados. Entre sus favoritos estaba una versión muy especial de Platero y yo, que hoy, un día después de su cumpleaños, le dedico con todo mi cariño, en recuerdo de aquellos días de marionetas, burros, crititas y mirinda.


Yolanda es pequeña, peluda, suave; tan blanda por fuera, que se diría toda de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

La dejo suelta y se va al parque, y acaricia tibiamente con sus manos, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... La llamo dulcemente: "¿Yolanda?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...

Come cuanto le doy. Le gustan las krititas, las mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos de la higuera de Pazos Rei, con su cristalina gotita de miel...

Es tierna y mimosa igual que su perro Cequi..; pero fuerte y seca por dentro, como de granito... Cuando paseo a su lado los domingos, por las últimas callejas de Atocha, los chicos del barrio, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándola:

— Tiene acero...

Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.



2 de septiembre de 2009

La columna de hierro

Un seguidor del Rincón me ha remitido una reseña de una novela que tuve ocasión de leer hace ya unos dos años. El libro es bueno y entretenido, aunque no es totalmente fiel a la realidad en lo que se refiere al retrato que nos ofrece de la figura de Cicerón, que es el personaje central de la obra. Hay que recordar que este personaje era conocido por su vanidad y, en ocasiones, por su mal genio. Sin embargo, en líneas generales, estoy de acuerdo con lo que dice nuestro seguiror anónimo. Doy paso a su reseña que agradezco.


Acabo de finalizar la lectura de un libro que os recomiendo, para leerlo con calma: "La columna de hierro" .Su autora Taylor Caldwell nos presenta con esta novela un trabajo muy completo sobre la vida de Marco Tulio Cicerón. Esta sí que es una verdadera novela histórica. Podríamos definirla como una biografía novelada. El protagonista es Cicerón. Un personaje sorprendente, lleno de contrastes. En líneas generales podríamos calificarlo como el justo. Según mi opinión, la novela está muy bien elaborada desde el punto de vista historico, quizás se eche de menos en algunos momentos una buena traducción. Taylor es en su metodo seguidora de Stendhal.que decía que para escribir " una buena novela solo era necesario poner un espejo a lo largo de un camino." Y esto es lo que ha hecho la autora en esta obra.
En el espejo vamos viendo a un Cicerón niño, joven, adolescente, maduro y aunque los años no fueran tantos a un Cicerón cansado de todo hoy diríamos que un poco "depre" y canoso. De esta forma conocemos a un Cicerón sobre todo abogado, amigo, patriota, amante, actor. No hay que olvidar que Cicerón ("garbanzo" en español), era un estoico.
Esto se refleja a lo largo del libro. que merece la pena leer. Las facetas que más me han gustado han sido la de amigo y la de orador. Sus amigos lo aprecian y acuden en momentos dificiles. Entre ellos está el ejemplo de Ben Noe , el judío. Animo a leerla, aunque en mi opinión al final se hace un poco larga. Todos tenemos que aprender de este hombre, un trabajador infatigable.

Anónimo

26 de agosto de 2009

El don de la lluvia

No pensaba que en tan poco tiempo iba a poder tener algún material para compartir con vosotros. Pero, por suerte o por desgracia, hace una semana cayó un libro en mis manos y, cansada de tantas reglas de catalogación, me sumergí de lleno en una lectura algo compulsiva.
El título del libro, El don de la lluvia es algo opaco y no desvela la riqueza de esta novela, que se integra dentro de la ya muy cultivada literatura multicultural, es decir, la escrita por personas o sobre personas que se han tenido que integrar entre culturas muy distintas, generalmente entre Oriente y Occidente.
Entre los autores que cultivan este grupo de literatura nos encontramos con el controvertido Salman Rushdie y sus Hijos de la media noche, Vikram Seth y su novela El buen partido, Kazuo Ishiguro, Kenzaburo Oé, Amelié Nothomb y tantos otros.
Tan Twan Eng, el autor de la novela que os presento, es un escritor malayo, que dice de sí mismo que ha crecido leyendo novelas de Enyd Blyton y noveluchas de tercera y cuarta fila para pasar el rato. Y fue por eso por lo que cogí el libro, he de confesarlo. Para pasar el rato.
Y cual fue mi sorpresa cuando en lugar de encontrame ante una novela comercial al uso, con los recursos típicos de este género, comencé a leer una historia fascinante y compleja: la vida de Philippe Hutton y su relación con el japonés Endo-San
Philippe es el pequeño de cuatro hermanos y el hijo del segundo matrimonio de su padre, un británico, con una china. Poco tiempo después del parto de Philippe su madre muere. Y así, el protagonista se encuentra en un mundo muy complejo: en su familia es el único hijo de un segundo matrimonio frente a sus tres hermanos de fuerte carácter, nacidos de madre británica. En la vida social que desarrolla su familia, una de las más adineradas de la isla en la que viven, Philippe no consigue encajar con los ingleses que se cruzan en su camino.
Pero en el colegio la vida tampoco es fácil: sus compañeros de clase, chinos en su mayoría y también malayos ven con desprecio a este joven que no se ajusta a ninguno de los grupos establecidos.
Para librarse de su soledad, Philippe decide que el mejor camino es aceptarla como compañera y así, pasa los primeros años de su adolescencia leyendo, caminando por la playa de su casa o visitando la isla de la que son propietarios y que se encuentra en cerca de la costa.

La rutina que Philippe se ha impuesto no dura mucho. El gran cambio, el motivo que cambiará toda la existencia del protagonista y su familia se produce cuando el padre de éste decide alquilar la isla a la que solía ir Philippe a un japonés, llamado Endo-San.Philippe siente que su vida se desmorona, pues eran muchos los días y noches que pasaba en ella dando rienda suelta a sus sueños de adolescente.
Una noche, mientras toda su familia está en Inglaterra de vacaciones, llaman a la puerta de la casa. Philippe, que ese año no ha ido con sus hermanos se encuentra con Endo-San. Éste le pide un bote para poder acceder a la isla y le invita a ir con él. Una vez en la isla, Endo-San invita a Philippe a entrar en su casa, adornada al estilo japonés y le propone al joven que acepte ser su alumno en el arte del aikido, un tipo de arte marcial radicalmente ligado a la vision budista del mundo. Philippe, sólo en el mundo, acepta que Endo-San sea su sensei, su maestro y comienza a visitar todos los días la isla para recibir las instrucciones del arte del aikido.

La relación entre los dos personajes se prolonga en el tiempo: hacen excursiones, visitan lugares de la isla, y poco a poco va surgiendo entre ellos una profunda amistad. Sin embargo son tiempos difíciles. Los japoneses invaden China y las familias de origen chino que tienen relación con los Hutton ven con malos ojos la amistad de Philippe con Endo-San. Los japoneses por su parte tampoco ven bien a Philippe por su origen chino.
Poco tiempo después, Philippe descubre una terrible verdad: Endo-San es el enviado por los japoneses para conseguir invadir la isla. Con 18 años tendrá que tomar decisiones que marcarán su existencia y la de sus seres más cercanos de por vida: ¿se aliará con los japoneses con los que gracias a su sensei tiene una gran amistad y velará por el futuro de su familia? ¿o quizá colaborará con los chinos y sus comandos para destrozar a los japoneses, volviéndose en contra del profundo lazo y promesa que mantiene con su maestro? Tal vez la mejor solución sea permanecer con los ingleses, pero cuando éstos abandonan la isla ninguna alternativa parece ser la correcta. Por otro lado, ¿debe seguir siendo amigo de Endo-San? ¿Le debe alguna lealtad a una persona que está actuando en contra de los intereses de su patria y de su familia o debe seguir fiel a lo que le dicta el corazón y agradecer la amistad y la sabiduría que su sensei siempre le ha ofrecido?

Un libro muy interesante, escrito desde una perspectiva totalmente budista y oriental, con un profundo análisis de los personajes que no impide una buena dosis de acción unida a bellas y líricas descripciones de la naturaleza. Todo ello, unido a su elaborada forma literaria, hacen de este libro una novela digna de ser comprada.

3 de agosto de 2009

AVISO PARA LOS VISITANTES


Se acabó lo bueno. El tiempo libre, las lecturas hasta altas horas de la madrugada, el ir andando hasta el trabajo.
Voy a preparar oposiciones. Sí, como podéis constatar si volvéis a leer la frase anterior, voy a dedicarme a estudiar como una loca durante los próximos meses de mi vida. Y por desgracia, no voy a poder dedicar al Rincón el tiempo que se merece. O mejor dicho, no voy a poder ofreceros entradas del nivel que os merecéis.
Sin embargo, en cuanto consiga mi plaza, reanudaré mi actividad. Entre tanto os animo a no daros de baja del blog. No os supone ningún esfuerzo y así este continuará con vida en la web. Espero con ilusión poder escribir para vosotros dentro poco tiempo.

Un abrazo para cada uno de vosotros.

Marian

18 de julio de 2009

Los elegidos



Para Marta, por nuestra amistad.
Sabado. Noche de verano algo calurosa. Mi marido y yo vamos a cenar a casa de unos buenos amigos. Después de leer un libro a sus niñas, que quedan dormidas en el acto tras un agotador día de pistina (como dicen ellas), nos ponemos a hacer la cena. Y ¡cómo no!, mis ojos se escapan a la librería en la que se mezclan libros de Matemáticas de alto nivel, Filosofía y Literatura. Pido permiso y me pongo a indagar como hago siempre que visito la casa. Marta acaba prestándome dos libros: Los elegidos y Olas.

Escogí Los elegidos por su autor, Chaim Potok. Hace algunos años había leído La promesa, disponible en ediciones Encuentro, y me gustó. Sin embargo, Los elegidos, pese a estar bien escrito y presentar algunos logros notables, me ha parecido más bien una anticipación de lo que luego sería La promesa.
Los elegidos, que se convirtió en bestseller, narra la historia de dos muchachos, Reuven Malter, un judío moderno relativamente bien insertado en la sociedad americana y Danny Saunders, un joven superdotado, hijo de un rabino asideo, enfrentado a la visión del judaísmo que tiene el padre de Reuven.
Enfrentados en un principio por la oposición en la interpretación del judaísmo por parte de sus padres, Reuven y Danny terminan haciéndose amigos a raíz de un incidente en un partido de beisbol, en el que Reuven está a punto de perder un ojo a consecuencia de una bola que Danny le lanza intención.
A raíz de este accidente los dos muchachos intiman e intercambian sus puntos de vista, sus preocupaciones y sus deseos para el porvenir. El padre de Danny, Reb Saunders, espera que su hijo lo suceda como rabino a la cabeza de su secta , pero Danny quiere realizar la carrera de psicología. Por el contrario, Reuven, es un habilidoso con las matemáticas, pero su deseo es convertirse en rabino. Así, en la novela, se presenta un choque entre deseos de padres e hijos, entre sectas del judaísmo, entre formas de entender la educación, y por otro lado se asiste al desarrollo de una profunda amistad entre dos personas que parecían llamadas a odiarse.
El tema del libro es por tanto interesante, como también lo son sus personajes, bien trazados y delimitados psicológicamente. El problema de la novela reside en sus largos pasajes dedicados a la exposición del Judaísmo. Es lógico que, dado el tema que aborda, aparezcan discusiones sobre la interpretación de la Ley y las Escrituras. Sin embargo, en la novela, llegan a resultar excesivas y ralentizan lo que podría haber sido una primera novela de gran calidad.
Con todo la obra alcanzó un gran éxito desde el principio y fue adaptada al cine en el año 1981 y llegó a conseguir importantes premios en el Festival Internacional de Cine de Montreal. El propio Potok apareció brevísimamente en la película interpretando a un profesor.

Un libro que aborda un tema interesante de una manera todavía un poco desmañada y que es superada con creces en La promesa.

14 de julio de 2009

El gato que caminaba solo



Para Carmen, que quiere tener a todos los animales .

Sucedieron estos hechos que voy a contarte, oh, querido mío, cuando los animales domésticos eran salvajes. El Perro era salvaje, como lo eran también el Caballo, la Vaca, la Oveja y el Cerdo, tan salvajes como pueda imaginarse, y vagaban por la húmeda y salvaje espesura en compañía de sus salvajes parientes; pero el más salvaje de todos los animales salvajes era el Gato. El Gato caminaba solo y no le importaba estar aquí o allá.
También el Hombre era salvaje, claro está. Era terriblemente salvaje. No comenzó a domesticarse hasta que conoció a la Mujer y ella repudió su montaraz modo de vida. La Mujer escogió para dormir una bonita cueva sin humedades en lugar de un montón de hojas mojadas, y esparció arena limpia sobre el suelo, encendió un buen fuego de leña al fondo de la cueva y colgó una piel de Caballo Salvaje, con la cola hacia abajo, sobre la entrada; después dijo:
-Límpiate los pies antes de entrar; de ahora en adelante tendremos un hogar.

Esa noche, querido mío, comieron Cordero Salvaje asado sobre piedras calientes y sazonado con ajo y pimienta silvestres, y Pato Salvaje relleno de arroz silvestre, y alholva y cilantro silvestres, y tuétano de Buey Salvaje, y cerezas y granadillas silvestres. Luego, cuando el Hombre se durmió más feliz que un niño delante de la hoguera, la Mujer se sentó a cardar lana. Cogió un hueso del hombro de cordero, la gran paletilla plana, contempló los portentosos signos que había en él, arrojó más leña al fuego e hizo un conjuro, el primer Conjuro Cantado del mundo.
En la húmeda y salvaje espesura, los animales salvajes se congregaron en un lugar desde donde se alcanzaba a divisar desde muy lejos la luz del fuego y se preguntaron qué podría significar aquello.
Entonces Caballo Salvaje golpeó el suelo con la pezuña y dijo:
-Oh, amigos y enemigos míos, ¿por qué han hecho esa luz tan grande el Hombre y la Mujer en esa enorme cueva? ¿cómo nos perjudicará a nosotros?
Perro Salvaje alzó el morro, olfateó el aroma del asado de cordero y dijo:
-Voy a ir allí, observaré todo y me enteraré de lo que sucede, y me quedaré, porque creo que es algo bueno. Acompáñame, Gato.
-¡ Ni hablar! -replicó el Gato-. Soy el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá. No pienso acompañarte.
-Entonces nunca volveremos a ser amigos -apostilló Perro Salvaje, y se marchó trotando hacia la cueva.
Pero cuando el Perro se hubo alejado un corto trecho, el Gato se dijo a sí mismo:
-Si no me importa estar aquí o allá, ¿por qué no he de ir allí para observarlo todo y enterarme de lo que sucede y después marcharme?
De manera que siguió al Perro con mucho, muchísimo sigilo, y se escondió en un lugar desde donde podría oír todo lo que se dijera.
Cuando Perro Salvaje llegó a la boca de la cueva, levantó ligeramente la piel de Caballo con el morro y husmeó el maravilloso olor del cordero asado. La Mujer lo oyó, se rió y dijo:
-Aquí llega la primera criatura salvaje de la salvaje espesura. ¿Qué deseas?
-Oh, enemiga mía y esposa de mi enemigo, ¿qué es eso que tan buen aroma desprende en la salvaje espesura? -preguntó Perro Salvaje.
Entonces la Mujer cogió un hueso de cordero asado y se lo arrojó a Perro Salvaje diciendo:
-Criatura salvaje de la salvaje espesura, si ayudas a mi Hombre a cazar de día y a vigilar esta cueva de noche, te daré tantos huesos asados como quieras.
-¡Ah! -exclamó el Gato al oírla-, esta Mujer es muy sabia, pero no tan sabia como yo.
Perro Salvaje entró a rastras en la cueva, recostó la cabeza en el regazo de la Mujer y dijo:
-Oh, amiga mía y esposa de mi amigo, ayudaré a tu Hombre a cazar durante el día y de noche vigilaré vuestra cueva.
-¡Ah! -repitió el Gato, que seguía escuchando-, este Perro es un verdadero estúpido.
Y se alejó por la salvaje y húmeda espesura meneando la cola y andando sin otra compañía que su salvaje soledad. Pero no le contó nada a nadie.

Al despertar por la mañana, el Hombre exclamó:
-¿Qué hace aquí Perro Salvaje?
-Ya no se llama Perro Salvaje -lo corrigió la Mujer-, sino Primer Amigo, porque va a ser nuestro amigo por los siglos de los siglos. Llévalo contigo cuando salgas de caza.
La noche siguiente la Mujer cortó grandes brazadas de hierba fresca de los prados y las secó junto al fuego, de manera que olieran como heno recién segado; luego tomó asiento a la entrada de la cueva y trenzó una soga con una piel de caballo; después se quedó mirando el hueso de hombro de cordero, la enorme paletilla, e hizo un conjuro, el segundo Conjuro Cantado del mundo.
En la salvaje espesura, los animales salvajes se preguntaban qué le habría ocurrido a Perro Salvaje. Finalmente, Caballo Salvaje golpeó el suelo con la pezuña y dijo:
-Iré a ver por qué Perro Salvaje no ha regresado. Gato, acompáñame.
-¡Ni hablar! -respondió el Gato-. Soy el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá. No pienso acompañarte.
Sin embargo, siguió a Caballo Salvaje con mucho, muchísimo sigilo, y se escondió en un lugar desde donde podría oír todo lo que se dijera.
Cuando la Mujer oyó a Caballo Salvaje dando traspiés y tropezando con sus largas crines, se rió y dijo:
-Aquí llega la segunda criatura salvaje de la salvaje espesura. ¿Qué deseas?
-Oh, enemiga mía y esposa de mi enemigo -respondió Caballo Salvaje-, ¿dónde está Perro Salvaje?
La Mujer se rió, cogió la paletilla de cordero, la observó y dijo:
-Criatura salvaje de la salvaje espesura, no has venido buscando a Perro Salvaje, sino porque te ha atraído esta hierba tan rica.
Y dando traspiés y tropezando con sus largas crines, Caballo Salvaje dijo:
-Es cierto, dame de comer de esa hierba.
-Criatura salvaje de la salvaje espesura -repuso la Mujer-, inclina tu salvaje cabeza, ponte esto que te voy a dar y podrás comer esta maravillosa hierba tres veces al día.
-¡Ah! -exclamó el Gato al oírla-, esta Mujer es muy lista, pero no tan lista como yo.
Caballo Salvaje inclinó su salvaje cabeza y la Mujer le colocó la trenzada soga de piel en torno al cuello. Caballo Salvaje relinchó a los pies de la Mujer y dijo:
-Oh, dueña mía y esposa de mi dueño, seré tu servidor a cambio de esa hierba maravillosa.
-¡Ah! -repitió el Gato, que seguía escuchando-, ese Caballo es un verdadero estúpido.
Y se alejó por la salvaje y húmeda espesura meneando la cola y andando sin otra compañía que su salvaje soledad.
Cuando el Hombre y el Perro regresaron después de la caza, el Hombre preguntó:
-¿Qué está haciendo aquí Caballo Salvaje?
-Ya no se llama Caballo Salvaje -replicó la Mujer-, sino Primer Servidor, porque nos llevará a su grupa de un lado a otro por los siglos de los siglos. Llévalo contigo cuando vayas de caza.

Al día siguiente, manteniendo su salvaje cabeza enhiesta para que sus salvajes cuernos no se engancharan en los árboles silvestres, Vaca Salvaje se aproximó a la cueva, y el Gato la siguió y se escondió como lo había hecho en las ocasiones anteriores; y todo sucedió de la misma forma que las otras veces; y el Gato repitió las mismas cosas que había dicho antes, y cuando Vaca Salvaje prometió darle su leche a la Mujer día tras día a cambio de aquella hierba maravillosa, el Gato se alejó por la salvaje y húmeda espesura, caminando solo como era su costumbre.
Y cuando el Hombre, el Caballo y el Perro regresaron a casa después de cazar y el Hombre formuló las mismas preguntas que en las ocasiones anteriores, la Mujer dijo:
-Ya no se llama Vaca Salvaje, sino Donante de Cosas Buenas. Nos dará su leche blanca y tibia por los siglos de los siglos, y yo cuidaré de ella mientras ustedes tres salen de caza.

Al día siguiente, el Gato aguardó para ver si alguna otra criatura salvaje se dirigía a la cueva, pero como nadie se movió, el Gato fue allí solo, y vio a la Mujer ordeñando a la Vaca, y vio la luz del fuego en la cueva, y olió el aroma de la leche blanca y tibia.
-Oh, enemiga mía y esposa de mi enemigo -dijo el Gato-, ¿a dónde ha ido Vaca Salvaje?
La Mujer rió y respondió:
-Criatura salvaje de la salvaje espesura, regresa a los bosques de donde has venido, porque ya he trenzado mi cabello y he guardado la paletilla, y no nos hacen falta más amigos ni servidores en nuestra cueva.
-No soy un amigo ni un servidor -replicó el Gato-. Soy el Gato que camina solo y quiero entrar en tu cueva.
-¿Por qué no viniste con Primer Amigo la primera noche? -preguntó la Mujer.
-¿Ha estado contando chismes sobre mí Perro Salvaje? -inquirió el Gato, enfadado.
Entonces la Mujer se rió y respondió:
-Eres el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá. No eres un amigo ni un servidor. Tú mismo lo has dicho. Márchate y camina solo por cualquier lugar.
Fingiendo estar compungido, el Gato dijo:
-¿Nunca podré entrar en la cueva? ¿Nunca podré sentarme junto a la cálida lumbre? ¿Nunca podré beber la leche blanca y tibia? Eres muy sabia y muy hermosa. No deberías tratar con crueldad ni siquiera a un gato.
-Que era sabia no me era desconocido, mas hasta ahora no sabía que fuera hermosa. Por eso voy a hacer un trato contigo. Si alguna vez te digo una sola palabra de alabanza, podrás entrar en la cueva.
-¿Y si me dices dos palabras de alabanza? -preguntó el Gato.
-Nunca las diré -repuso la Mujer-, mas si te dijera dos palabras de alabanza, podrías sentarte en la cueva junto al fuego.
-¿Y si me dijeras tres palabras? -insistió el Gato.
-Nunca las diré -replicó la Mujer-, pero si llegara a decirlas, podrías beber leche blanca y tibia tres veces al día por los siglos de los siglos.
Entonces el Gato arqueó el lomo y dijo:
-Que la cortina de la entrada de la cueva y el fuego del rincón del fondo y los cántaros de leche que hay junto al fuego recuerden lo que ha dicho mi enemiga y esposa de mi enemigo -y se alejó a través de la salvaje y húmeda espesura meneando su salvaje rabo y andando sin más compañía que su propia y salvaje soledad
Por la noche, cuando el Hombre, el Caballo y el Perro volvieron a casa después de la caza, la Mujer no les contó el trato que había hecho, pensando que tal vez no les parecería bien.

El Gato se fue lejos, muy lejos, y se escondió en la salvaje y húmeda espesura sin más compañía que su salvaje soledad durante largo tiempo, hasta que la Mujer se olvidó de él por completo. Sólo el Murciélago, el pequeño Murciélago Cabezabajo que colgaba del techo de la cueva sabía dónde se había escondido el Gato y todas las noches volaba hasta allí para transmitirle las últimas novedades.

Una noche el Murciélago dijo:
-Hay un Bebé en la cueva. Es una criatura recién nacida, rosada, rolliza y pequeña, y a la Mujer le gusta mucho.
-Ah -dijo el Gato, sin perderse una palabra-, pero ¿qué le gusta al Bebé?
-Al Bebé le gustan las cosas suaves que hacen cosquillas -respondió el Murciélago-. Le gustan las cosas cálidas a las que puede abrazarse para dormir. Le gusta que jueguen con él. Le gustan todas esas cosas.
-Ah -concluyó el Gato-, entonces ha llegado mi hora.
La noche siguiente, el Gato atravesó la salvaje y húmeda espesura y se ocultó muy cerca de la cueva a la espera de que amaneciera. Al alba, la mujer se afanaba en cocinar y el Bebé no cesaba de llorar ni de interrumpirla; así que lo sacó fuera de la cueva y le dio un puñado de piedrecitas para que jugara con ellas. Pero el Bebé continuó llorando.
Entonces el Gato extendió su almohadillada pata y le dio unas palmaditas en la mejilla, y el Bebé hizo gorgoritos; luego el Gato se frotó contra sus rechonchas rodillas y le hizo cosquillas con el rabo bajo la regordeta barbilla. Y el Bebé rió; al oírlo, la Mujer sonrío.
Entonces el Murciélago, el pequeño Murciélago Cabezabajo que estaba colgado a la entrada de la cueva dijo:
-Oh, anfitriona mía, esposa de mi anfitrión y madre de mi anfitrión, una criatura salvaje de la salvaje espesura está jugando con tu Bebé y lo tiene encantado.
-Loada sea esa criatura salvaje, quienquiera que sea -dijo la Mujer enderezando la espalda-, porque esta mañana he estado muy ocupada y me ha prestado un buen servicio.
En ese mismísimo instante, querido mío, la piel de caballo que estaba colgada con la cola hacia abajo a la entrada de la cueva cayó al suelo... ¡Cómo así!... porque la cortina recordaba el trato, y cuando la Mujer fue a recogerla... ¡hete aquí que el Gato estaba confortablemente sentado dentro de la cueva!
-Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigo -dijo el Gato-, soy yo, porque has dicho una palabra elogiándome y ahora puedo quedarme en la cueva por los siglos de los siglos. Mas sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.

Muy enfadada, la Mujer apretó los labios, cogió su rueca y comenzó a hilar.
Pero el Bebé rompió a llorar en cuanto el Gato se marchó; la Mujer no logró apaciguarlo y él no cesó de revolverse ni de patalear hasta que se le amorató el semblante.
-Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigo -dijo el Gato-, coge una hebra del hilo que estás hilando y átala al huso, luego arrastra éste por el suelo y te enseñaré un truco que hará que tu Bebé ría tan fuerte como ahora está llorando.
-Voy a hacer lo que me aconsejas -comentó la Mujer-, porque estoy a punto de volverme loca, pero no pienso darte las gracias.
Ató la hebra al pequeño y panzudo huso y empezó a arrastrarlo por el suelo. El Gato se lanzó en su persecución, lo empujó con las patas, dio una voltereta y lo tiró hacia atrás por encima de su hombro; luego lo arrinconó entre sus patas traseras, fingió que se le escapaba y volvió a abalanzarse sobre él. Viéndole hacer estas cosas, el Bebé terminó por reír tan fuerte como antes llorara, gateó en pos de su amigo y estuvo retozando por toda la cueva hasta que, ya fatigado, se acomodó para descabezar un sueño con el Gato en brazos.
-Ahora -dijo el Gato- le voy a cantar A Bebé una canción que lo mantendrá dormido durante una hora.
Y comenzó a ronronear subiendo y bajando el tono hasta que el Bebé se quedó profundamente dormido. contemplándolos, la Mujer sonrió y dijo:
-Has hecho una labor estupenda. No cabe duda de que eres muy listo, oh, Gato.
En ese preciso instante, querido mío, el humo de la fogata que estaba encendida al fondo de la cueva descendió desde el techo cubriéndolo todo de negros nubarrones, porque el humo recordaba el trato, y cuando se disipó, hete aquí que el Gato estaba cómodamente sentado junto al fuego.
-Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigo -dijo el Gato-, aquí me tienes, porque me has elogiado por segunda vez y ahora podré sentarme junto al cálido fuego del fondo de la cueva por los siglos de los siglos. Pero sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.

Entonces la Mujer se enfadó mucho, muchísimo, se soltó el pelo, echó más leña al fuego, sacó la ancha paletilla de cordero y comenzó a hacer un conjuro que le impediría elogiar al Gato por tercera vez. No fue un Conjuro Cantado, querido mío, sino un Conjuro Silencioso; y, poco a poco, en la cueva se hizo un silencio tan profundo que un Ratoncito diminuto salió sigilosamente de un rincón y echó a correr por el suelo.
-Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigo -dijo el Gato-, ¿forma parte de tu conjuro ese Ratoncito?
-No -repuso la Mujer, y, tirando la paletilla al suelo, se encaramó a un escabel que había frente al fuego y se apresuró a recoger su melena en una trenza por miedo a que el Ratoncito trepara por ella.
-¡Ah! -exclamó el Gato, muy atento-, entonces ¿el Ratón no me sentará mal si me lo zampo?
-No -contestó la Mujer, trenzándose el pelo-; zámpatelo ahora mismo y te quedaré eternamente agradecida.
El Gato dio un salto y cayó sobre el Ratón.
-Un millón de gracias, oh, Gato -dijo la Mujer-. Ni siquiera Primer Amigo es lo bastante rápido para atrapar Ratoncitos como tú lo has hecho. Debes de ser muy inteligente.
En ese preciso instante, querido mío, el cántaro de leche que estaba junto al fuego se partió en dos pedazos... ¿Cómo así?... porque recordaba el trato, y cuando la Mujer bajó del escabel... ¡hete aquí que el Gato estaba bebiendo a lametazos la leche blanca y tibia que quedaba en uno de los pedazos rotos!
-Oh, enemiga mía, esposa de mi enemigo y madre de mi enemigo -dijo el Gato-, aquí me tienes, porque me has elogiado por tercera vez y ahora podré beber leche blanca y tibia tres veces al día por los siglos de los siglos. Pero sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.

Entonces la Mujer rompió a reír, puso delante del Gato un cuenco de leche blanca y tibia y comentó:
-Oh, Gato, eres tan inteligente como un Hombre, pero recuerda que ni el Hombre ni el Perro han participado en el trato y no sé qué harán cuando regresen a casa.
-¿Y a mi qué más me da? -exclamó el Gato-. Mientras tenga un lugar reservado junto al fuego y leche para beber tres veces al día me da igual lo que puedan hacer el Hombre o el Perro.
Aquella noche, cuando el Hombre y el Perro entraron en la cueva, la Mujer les contó de cabo a rabo la historia del acuerdo, y el Hombre dijo:
-Está bien, pero el Gato no ha llegado a ningún acuerdo conmigo ni con los Hombres cabales que me sucederán.
Se quitó las dos botas de cuero, cogió su pequeña hacha de piedra (y ya suman tres) y fue a buscar un trozo de madera y su cuchillo de hueso (y ya suman cinco), y colocando en fila todos los objetos, prosiguió:
-Ahora vamos a hacer un trato. Si cuando estás en la cueva no atrapas Ratones por los siglos de los siglos, arrojaré contra ti estos cinco objetos siempre que te vea y todos los Hombres cabales que me sucedan harán lo mismo.
-Ah -dijo la Mujer, muy atenta-. Este Gato es muy listo, pero no tan listo como mi Hombre.
El Gato contó los cinco objetos (todos parecían muy contundentes) y dijo:
-Atraparé Ratones cuando esté en la cueva por los siglos de los siglos, pero sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.

-No será así mientras yo esté cerca -concluyó el Hombre-. Si no hubieras dicho eso, habría guardado estas cosas (por los siglos de los siglos), pero ahora voy arrojar contra ti mis dos botas y mi pequeña hacha de piedra (y ya suman tres) siempre que tropiece contigo, y lo mismo harán todos los Hombres cabales que me sucedan.
-Espera un momento -terció el Perro-, yo todavía no he llegado a un acuerdo con él -se sentó en el suelo, lanzando terribles gruñidos y enseñando los dientes, y prosiguió-: Si no te portas bien con el Bebé por los siglos de los siglos mientras yo esté en la cueva, te perseguiré hasta atraparte, y cuando te coja te morderé, y lo mismo harán todos los Perros cabales que me sucedan.
-¡Ah! -exclamó la Mujer; que estaba escuchando-. Este Gato es muy listo, pero no es tan listo como el Perro.
El Gato contó los dientes del Perro (todos parecían muy afilados) y dijo:
-Me portaré bien con el Bebé mientras esté en la cueva por los siglos de los siglos, siempre que no me tire del rabo con demasiada fuerza. Pero sigo siendo el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá.
-No será así mientras yo esté cerca -dijo el Perro-. Si no hubieras dicho eso, habría cerrado la boca por los siglos de los siglos, pero ahora pienso perseguirte y hacerte trepar a los árboles siempre que te vea, y lo mismo harán los Perros cabales que me sucedan.

A continuación, el Hombre arrojó contra el Gato sus dos botas y su pequeña hacha de piedra (que suman tres), y el Gato salió corriendo de la cueva perseguido por el Perro, que lo obligó a trepar a un árbol; y desde entonces, querido mío, tres de cada cinco Hombres cabales siempre han arrojado objetos contra el Gato cuando se topaban con él y todos los Perros cabales lo han perseguido, obligándolo a trepar a los árboles. Pero el Gato también ha cumplido su parte del trato. Ha matado Ratones y se ha portado bien con los Bebés mientras estaba en casa, siempre que no le tirasen del rabo con demasiada fuerza. Pero una vez cumplidas sus obligaciones y en sus ratos libres, es el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá, y si miras por la ventana de noche lo verás meneando su salvaje rabo y andando sin más compañía que su salvaje soledad... como siempre lo ha hecho.

Ruyard Kipling

12 de julio de 2009

La comedia humana

Primer objetivo de lectura de este verano, cumplido. Quería leer esta novela breve de W. Saroyan y la verdad es que no me ha costado mucho esfuerzo dada su brevedad y la ligereza y naturalidad con que el autor relata esta historia.
En medio de la Segunda Guerra Mundial, en un pueblo de Estados Unidos llamado Ithaca, un joven de 14 años llamado Homer, necesita un trabajo. Su padre ha muerto y su hermano mayor ha sido llamado a filas. Muy pronto consigue trabajo para entregar los telegramas que durante esos días aciagos llegan al pueblo, algunos con buenas noticias y muchos anunciando la muerte de jóvenes de familias del pueblo que han sido heridos o han muerto en batalla.
Homer es un chico alegre y despreocupado que va madurando conforme va llevando a cabo su tarea y va teniendo contacto con los destinatarios de los telegramas. Despierto y sensible, no es ajeno al sufrimiento de quienes le rodean y poco su conciencia de la realidad se transforma para transformarse de niño en hombre.
Este proceso se lleva a cabo ante los ojos de Ulysses, su hermano de 4 años, que con su visión inocente de la vida y su descubrimiento de la realidad, llena de ternura lo que podría haber sido un relato amargo.

No estamos ante una obra maestra, de primera fila de la literatura universal, innovadora de las corrientes literarias del momento. Nos encontramos ante una novela a la que podemos aplicar un adjetivo que ella misma contiene: humana. Los hechos narrados son sencillos y se relatan del mismo modo, con naturalidad y sin complicación.
El gran mérito de la obra reside, en mi opinión, en la habilidad del autor para la creación de los personajes, para retratar la evolución de Homer y la perdida de su inocencia de niño que sigue conservando su hermano pequeño. Otro mérito es la capacidad de introducir en el relato momentos teñidos de humor, como el que tiene lugar en la clase de historia antigua a propósito de una intervención de Homer sobre la importancia de las narices, y de otros llenos de ternura, como aquellos en los que Ulysses se alegra por haber visto algo de tan radical importancia como es un huevo de gallina.
Para tener en casa.

10 de julio de 2009

Cógete un libro, guardátelo, vamos a la playa calienta el sol.

Y vaya que si calienta. Sobre todo en estos últimos días. Y con tanto calor se nos vienen a la cabeza imágenes de playas paradisíacas o -en el peor de los casos- de piscinas casi vacías en las que tomar mojitos, refrescos y zumos mientras nos refrescamos en el agua periódicamente. Es la llamada de las vacaciones.
Sin embargo, aunque todo esto suena muy bien y durante algunos días es interesante al cabo de un tiempo necesitamos hacer algo más que estar tumbados debajo de nuestra palmera favorita o bajo la sombrilla de mercadillo que nos hemos agenciado. Así que, ¿qué mejor que un libro para entretenernos, viajar aún más lejos de lo que ya estamos -incluso en la máquina del tiempo- y conocer otras culturas, otros modos de pensar y otros seres?
Voy a haceros unas recomendaciones de libros para leer estas vacaciones con algunas indicaciones sobre aspectos que pueden resultar interesantes.


Libros para niños:
Los niños son unos seres movidos. Así que os recomiendo dos cosas: la primera, que no les dejéis que se lleven libros a la playa o a la piscina, salvo que sean especialmente cuidadosos o que estén hechos (los libros por supuesto) de plástico.
La lectura de los niños la podéis reservar para momentos en los que os interesa disfrutar de un poco de tranquilidad, como la hora de la siesta. Un libro con una historia fascinante atrapará la atención de los peques y hará que por un rato se olviden de vosotros. La hora de irse a la cama puede ser también un buen momento para vivir, ahora que tenéis tiempo, un rato mágico con ellos, leyéndo para los más pequeños el cuento del día. Un gesto tan sencillo como leer un cuento a un niño puede crear en él una afición enriquecedora durante toda su vida. Para ese momento os recomiendo una edición de cuentos clásicos y el desarrollo de una serie de técnicas que lo pueden volver más especial. A los más pequeños les fascinará que cambieis el tono de voz según el personaje que hable. Así cuando leas la parte del ogro, la voz será grave; un niño como pulgarcito tendrá una voz aguda; un abuelo temblará al pronunciar o sufrirá un repentino cambio de voz. Otra posibilidad es que les propongáis para el día siguiente a la hora de vuestra siesta que dibujen la historia que les contasteis el día anterior o que escriban (si son algo mayores) un final diferente para el cuento.
Para los más jovencitos os recomiendo las historias de los hermanos Grimm, de Andersen, de Walt Disney (no sólo las de princesas o las más recientes, sino las de toda la vida), y si queréis algo más actual, el maletín de Caillou. En esta colección, Caillou aprende a través de nuevas experiencias y trata de conocer y comprender el mundo que lo rodea. Incluye los títulos siguientes: En la biblioteca, En el dentista, En el restaurante, En el metro, En el campo, En el teatro. Y, además, el CD-ROM 'Números y Memoria' de Caillou de regalo. Acompañados de Caillou, los niños desarrollarán la memoria y ampliarán su conocimiento de los números gracias a divertidas actividades repletas de color y de sonido. Cuesta aproximadamente 25 €.

Si ya están en los 10 años una buena opción son los cómics. ¿Quién no ha pasado momentos excelentes leyendo las historias de Astérix y Obélix, Tintín o Spiderman? Para los más lectores, la colección clásica de Barco de Vapor ofrece lecturas muy interesantes y de calidad. Otra posibilidad es recurrir a las aficiones del niño: los libros de dinosaurios, animales o hadas los podéis encontrar sin necesidad de gastar nada en la biblioteca del lugar donde veraneáis y si allí no hay, podéis tomar el material prestado de la biblioteca de vuestra ciudad o de casa de algún amigo.

A partir de los 12 años y dependiendo del carácter de vuestros hijos, pueden interesarles los libros de Cornelia Funke como el titulado Corazón de tinta. En esta obraMortimer «Mo» Folchart y su hija de 12 años, Meggie, comparten su pasión por los libros y un don: si leen en voz alta, pueden hacer aparecer en la vida real a los personajes del libro que están leyendo. Pero un peligro acecha: por cada personaje de ficción que llegue al mundo real desaparecerá una persona real, que se irá al mundo de ficción... El hobbit, El señor de los anillos, El ciclo de pendragón (sobre la Átlantida y el rey Arturo), Momo, La historia interminable y más adelante los libros de Agatha Christie son buenas opciones para chicos de 15 años.

Adultos:
¿Y los padres? ¿Es que no tenemos derecho a descansar y a disfrutar de un buen libro? ¡¡¡Por supuesto que sí!!! Además, el hecho de que siempre haya un libro entre vuestras manos será el mejor estímulo para que vuestros hijos adquieran la afición por la lectura. Ahí va una lista de recomendaciones.
Libros clásicos, que, si bien al principio puede costar leerlos, quizá cambien nuestra vida o nos hagan reflexionar sobre nuestra visión del mundo y de los demás:
-El banquete
-Edipo rey (da nombre a un complejo freudiano y su huella en la literatura actual se puede rastrear por ejemplo en Homo faber de Max Frish).
-El cantar de los nibelungos (paradójicamente es un poema épico protagonizado por mujeres).
-Erec y Enid (libro de caballería y amor cortés, muy interesante y reseñado en el blog).
-El buscón (obra en la que, de modo similar al que Cervantes parodia en el Quijote las novelas de caballerías, Quevedo aprovecha para reirse de la novela picaresca. Ideal para personas con cierto nivel de lectura y conocimiento de la literatura).
-Cuentos completos de Edgar Allan Poe (para quienes quieran pasárselo de miedo, sin sufrir demasiado)
-Los Buddenbrok (saga de una familia alemana, su plenitud y decadencia, al más puro estilo decimonónico)
-Ana Karenina (historia comparativa de la vida amorosa y social de dos mujeres: Ana y Kitty. Imprescindible)
-Crimen y Castigo (de lectura más compleja por su escasa acción y su complejo análisis psicológico del protagonista, hará las delicias de los aficionados a la literatura rusa)
-La piel de zapa de Balzac (novela interesante que recordará en cierto sentido a El burlador de Sevilla y a D. Juan Tenorio)

Libros del siglo XX con categoría de clásicos:
-Platero y yo (para almas poéticas, que necesitan leer en prosa)
-La metamorfosis de Kafka (un libro que requiere una interpretación profunda. Aconsejo leerlo comparándolo con el libro siguiente y, si queréis recurriendo a la entrada que realicé a propósito de las dos obras en el blog)
-El retrato de Dorian Gray (obra breve, que no dejará indiferente a nadie. De lectura sencilla y hondo significado en un momento en el que lo que más importa son las apariencias)
- Muerte en Venecia de Thomas Mann (historia en la que vemos la decadencia máxima de un ser humano. Se debe saber que la palabra Ascher en alemán significa ceniza y es el apellido del protagonista)
- La montaña mágica de Thomas Mann (para seres filosóficos, dispuestos a no entender mucho en una primera lectura. Es un libro denso, en el que se trata todo tipo de temas: la enfermedad, la muerte, las plantas, la construcción de barcos, la alimentación, la tuberculosis, la nieve, el amor. Sólo para personas capaces de aguantar mucha densidad de contenido y un gran número de páginas)
- El Aleph (colección de cuentos de Borges, siempre sorprendente)
- Final de juego (colección de cuentos de Cortázar, muy ilustrativa de la técnica del autor de unir en un mundo realidad y ficción)
- Las uvas de la ira de Steinbeck (novelón entretenido y profundo recibió el premio Pulitzer en 1940 y el Premio Nobel en 1962. Fue una obra muy polémica en el momento de su publicación. Está ambientada en la década de los 1930, cuando Estados Unidos sufre una gran crisis económica tras el Crack del 29 . Describe el proceso por el cual los pequeños productores agrícolas son expulsados de sus tierra por cambios en las condiciones de explotación de las mismas y obligados a emigrar a California donde el tipo de agricultura requiere mano de obra durante la cosecha. Es una novela transgresora que narra las dificultades de la familia Joad en su éxodo desde Oklahoma hacia California en busca de mejores condiciones de vida.

Libros más ligeros
- Bestsellers: Expediente Canaima de Reyes Calderón, La sangre del pelícano de Miguel Aranguren, La soledad de los números primos de Paolo Giordano, El niño con el pijama de rayas de John Boyne, La ladrona de libros de Markus Zusack, El abanico de seda de Lisa See o Ni de Eva ni de Adán de Natalie Nothomb.
- Novela policiaca: de Henning Mankell Asesinos sin rostro, Los perros de Riga, La leona blanca, El hombre sonriente, La falsa pista, La quinta mujer, Pisando los talones y Cortafuegos. Willkie Collins con La piedra lunar es un clásico que no puede faltar en esta sección. De Patricia Highsmith recomiendo El talento de Mr. Ripley, El juego de Ripley y de Robin Cook Epidemia. Un autor de calidad en este ámbito es Friedrich Dürrematt con obras como Justicia, El encargo, La promesa, y El juez y su verdugo.
- Novela romántica: sin caer en la excesiva cursilería ni en escenas sexuales, existen buenas novelas amorosas que harán las delicias de muchas lectoras: Jane Eyre, Cumbres borrascosas, Orgullo y prejuicio, Sentido y sensibilidad son algunas de las obras de más calidad en este ámbito y ocupan un lugar en la literatura clásica. De menor calidad literaria, son interesantes las novelas de Victoria Holt como El señor de Far Island, Las arenas movedizas, La confesión de la reina o La luna del cazador son algunas de las obras de esta polifacética escritora que empleó diferentes pseudónimos según el género de novela que escribía.
- Novela histórica: Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, León el Africano deMaguib Mahfouz, Salambó de Flaubert (personalmente no es santo de mi devoción), La guerra carlista de Valle Inclán, Alejandro Dumas con Los tres mosqueteros, Henryk Sienkiewicz con Quo vadis? y Walter Scott con Ivanhoe son algunos clásicos.
Más actuales son las obras de Arturo Pérez Reverte como El club Dumas o El capitán Alatriste . Sánchez Adalid con El mozárabe y El caballero de Alcántara, César Vidal con El rey leproso y Artorius pueden ser una brevísima muestra de lo que existe en el mercado actual

¿Qué quiero leer yo este verano?
Sinceramente muchos libros. Entre ellos La comedia humana de William Saroyan, que ya he comenzado, Los elegidos de Chaim Potok, Dr. Fausto de Thomas Mann y por supuesto releer La Montaña Mágica. Ya hace dos años que no la releo, así que seguro que descubro algo nuevo.





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