8 de diciembre de 2008

Un regalo para Navidad

Como se puede ver en este blog, en los escaparates, en la televisión, en todos los medios, llega la Navidad. Y con ella la costumbre de hacer un regalo a las personas que nos son más queridas. A veces esta costumbre llega a convertirse para muchos en un suplicio debido al terrible consumismo de la sociedad actual: cada año aparece una nueva versión de la Play Station, un nuevo juego más avanzado para el ordenador, una nueva versión de los éxitos de los Beatles, un móvil más moderno y fashion que el que teníamos... De este modo nos cargamos y cargamos a los que nos rodean de regalos que en lugar de enriquecer el espíritu -que de eso se trata en Navidad-, lo empobrecen, al satisfacer únicamente al afán de posesión y no al de realización personal.
Una buena solución para estos tiempos actuales es regalar un libro. No es desde luego el regalo que más apreciarán los jóvenes a corto plazo. Pero si conseguimos acertar con nuestra elección, seguro que nos estarán eternamente agradecidos.
La clave del regalo es el realizar una buena elección del libro. Si con nuestro regalo conseguimos que nuestro hijo, sobrina, vecina, tía o madre se interese por la lectura, pronto los veremos pasar más ratos delante de las hojas que el que pierden delante de las pantallas de los juegos y de la televisión. Todo esto está muy bien, podéis pensar. Pero, ¿cómo acertar con el libro?
Hay tres factores que, desde mi punto de vista, debemos tener en cuenta: la edad, las aficiones y el hábito lector de la persona a la que vamos a hacer el regalo.

En cuanto a la edad, sobre todo hay que tener en cuenta si se trata de un niño pequeño o una persona mayor. Para los más pequeños hay una gran oferta en el mercado. Cuanto más pequeño sea el niño, más convenientes resultan los libros en los que predomina el elemento lúdico: con imanes, con texturas, con posibilidad de interactuar (por ejemplo pintando). Por otra parte, si no saben leer, lo fundamental serán los dibujos. Conviene que estos sean atractivos, con alguna palabra debajo, pero no muchas, y que los padres estén dispuestos a contar la misma historia una y otra vez, hasta que el niño aprenda a relacionar los dibujos con las palabras. Otro elemento que se debe considerar es el tipo de letra que el niño aprende en el colegio: en algunos se utilizan sólo mayúsculas, en otros se usan libros en los que se hace distinción entre mayúsculas y minúsculas, a veces se prefiere utilizar libros en los que las letras van unidas y otros centros se decantan por las letras separadas. Por eso es necesario informarse con qué tipo de letras está más familiarizado el niño, hablando con los padres o con el colegio.
Si el regalo va destinado a ancianos, hay que tener en cuenta el problema de la vista y el del tema. Quizá a algunos les interesen temas relacionados con su juventud, pero a otros puede resultarle algo doloroso el enfrentarse con recuerdos de determinadas épocas de su vida. Por otro lado, hay que buscar ediciones con la letra más grande posible para facilitar su lectura, aún a costa de tener que invertir más dinero.
Las aficiones son importantes para los lectores menos experimentados. A una persona que le apasiona la lectura, probablemente no le importe tanto el tema como la calidad del libro que va a leer. Sin embargo a la gente que carece del hábito lector le asustará un libro que aborde temas que le resulten lejanos. Pero si conocemos sus aficiones y le regalamos un libro relacionado con ellas, el tema será un buen motivo para empezar a leer. Por otra parte, hay personas que sólo leen determinados tipos de géneros: novela histórica, novela romántica, poesía... También esto es algo sobre lo que debemos indagar.
Con los lectores empedernidos hay que considerar dos cosas: qué tipo de literatura leen y si tienen el libro ya en su biblioteca. Una visita unas semanas antes de Navidad para pedir un libro prestado, permitirá que nos enteremos de sus gustos y de si posee el ejemplar que hemos pensado regalarle. A veces, si el lector es un auténtico bibliófilo, disfrutará con una edición cuidada de un libro que posee en una edición de bolsillo. Conozco personas que tienen varios ejemplares de El principito, todas distintas, de diferentes colores e idiomas. Otra opción para los bibliófilos, es regalar un libro agotado. Hoy en día, a través de Internet se puede contactar con libreros de viejo para conseguir libros que están descatalogados.
Un último elemento, importante, es considerar los valores que rigen la vida de las personas a las que va destinado el regalo. Un libro contiene pensamientos, escenas, personajes que pueden hacer daño a determinadas sensibilidades y creencias; o que pueden ser adecuados para una determinada edad, pero en otra pueden causar auténticos estragos.
En definitiva, para regalar un libro, hay que ser un buen amigo de la persona a la que va destinado. Hay que conocer a fondo sus gustos, su madurez, su sensibilidad y sus gustos. Una vez considerados todos estos elementos, podremos hacer una elección, con la que haremos no un regalo para un año, sino para toda una vida.


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