1 de diciembre de 2008

Un problema de aspecto: Dorian Gray y Gregor Samsa


Existen dos obras aparentemente muy diferentes en la literatura universal, que sin embargo tratan de un tema de gran actualidad: la apariencia externa. Se trata de El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde y de La metamorfosis de Kafka.
Los que hayan leído ambas novelas, podrán darse cuenta, si hacen memoria, que el protagonista de Kafka, estaba caracterizado en la obra como un hombre normal, algo egoísta, que cuando experimenta su transformación en insecto no recibe a cambio nada especial por parte de su familia, tan solo un mínimo sustento alimenticio. El afecto que sienten por él en el núcleo familiar se debe, ante todo, a que les proporciona el dinero para sobrevivir. Por eso, cuando Gregog deja de ser alguien útil y se convierte en algo externamente repulsivo, que hay que mantener oculto, dejará de recibir ese afecto mínimo.
De este modo el cambio no se produce sólo en el protagonista, en el que la metamorfosis opera ante todo de un modo externo, sino que afecta a sus parientes, que son incapaces de mostrar hacia uno de sus miembros lo que de verdad merece, convirtiéndose así ellos también en unos insectos morales.

En el caso de Dorian Grey, el cambio es más íntimo, pero más letal. Aparentemente sigue siendo el mismo, un ser encantador e ingenuo que enamora a todos, pero la seguridad que le proporciona el que ninguna de sus depravaciones ni el paso del tiempo se refleje en su rostro, hacen que la situación sea la opuesta. Es decir, el monstruo ético sigue recibiendo la gloria social por su aspecto exterior.
El personaje de Kafka recibe un castigo más terrible: es odiado desde el seno de su familia sólo por el cambio externo.
El de Oscar Wilde es capaz de conservar cierta reputación precisamente gracias a que no se refleja su perversión moral en su aspecto.

Nos encontramos, por lo tanto, ante un reflejo de la hipocresía que muchas veces invade a los miembros que formamos la sociedad actual, en la que juzgamos a las personas por sus aspectos más superficiales sin detenernos a considerar su riqueza interior.

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