25 de noviembre de 2008

Los médicos

Leí Siempre en capilla hace ya muchos años. Creo que debía tener unos 13 ó 14 cuando el libro cayó en mis manos. La autora, Luisa Forrellad logró con él el Premio Nadal en 1953 y pensé que debía de ser bueno.
El tema me atrapó. Siempre había querido ser médico y el libro trataba de los primeros años de vida profesional de tres chicos, que acababan de licenciarse en Medicina, en un momento en el que ésta todavía carecía de los adelantos de los que disfruta hoy.
Puede que el libro no sea una obra maestra. Sin embargo desarrolla una historia muy humana y está lleno de sentido del humor. Todavía recuerdo cómo me sumergí en su lectura de un modo algo frenético y cómo me impresionó la descripción de la epidemia de difteria, a la que se tienen que enfrentar los protagonistas. Sólo las sonrisas que la autora de vez en cuando provocaba en mí impidieron que en aquel momento abandonara la lectura del libro.

Hoy retomo el libro con cariño. Lo cojo de la estantería. Las hojas se abren con facilidad en algunos capítulos y la encuadernación, que es buena, parece peligrar. Quiero compartir con los visitantes del blog un fragmento que me desconcertó y me hizo sonreír en su momento. Espero que todos disfrutéis con él.
Len, protagonista de la obra junto con Jasper y Alexander, es el narrador. Es tarde y acaba de ayudar en un complicado parto.



"Regresé de madrugada con la absoluta certeza de haber proporcionado por mi cuenta un nuevo miembro a la Humanidad. Ni el padre ni la madre habían sido más responsables que yo.
Iba mojado como un perro pero ya no sentía frío. El gabinete estaba alumbrado;Jasper y Aelxander me habían dejado un quinqué sobre la consola y una esquela que decía. "No olvides apagarlo. Buenas noches".
Fui a la cocina y calenté leche. No me apetecía pero le debía algo a mi estómago. La leche no la usábamos más que para Penique desde que Alexander descubrió que la "complicaban" y nos detalló las substancias empleadas. Con un químico en casa, teníamos la suerte de saber los fraudes del vino, de la manteca del azúcar y de mil artículos más. De este modo nos quedaba la alternativa de comprarlo todo al doble de precio o comerlo todo con asco.
Después pasé a mi escritorio y procedí al registro del recién nacido. Una vez hecho esto, volví junto a la consola, quité la esquela del quinqué y puse otra: "Ya lo he apagado. Buenos días".
Bostezando subí las escaleras, entré en mi habitación, me desnudé, me metí en la cama... Volví a levantarme, busqué las zapatillas, me puse la bata, salí del cuarto, bajé las escaleras, fui hasta el quinqué y soplé."


Luisa Forrellad: Siempre en capilla, Editorial destino, Colección Áncora y Delfín.

4 comentarios:

  1. hola:
    Me podriais decir algo sobre Jane Austen y su sentido y sensibilidad???, orgullo y prejuicio y demás?

    Muchas gracias

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  2. Siempre me acuerdo de cuando me recomendabas, hace muuuuuuuuuchos años, "Siempre en capilla". Es un libro que siempre relacionaré contigo.

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  3. Es que además de gustarme y de reírme mucho con él, siempre quise ser médico. Está bien que lo relaciones conmigo. Me siento un médico literario.

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