6 de noviembre de 2008

La manzana

El minero, goloso, salió de la gruta a buscar unas bayas. Entre árboles y zarzas vio la sombra de una anciana, que dejaba una cesta llena de manzanas apoyada sobre el suelo, mientras examinaba unos misteriosos frascos.
Sin pensarlo dos veces, el minero se deslizó silencioso hasta la cesta, cogió la manzana más roja y gorda de todas y regresó a la mina.

Sus colegas quisieron parte del botín:
-¡Danos un poco!
-¡Es demasiada comida para ti!¡Sé juicioso!
-¡Siempre tienes que ser tú el que come más!
-¡Si comemos, trabajaremos mejor!
-¡No os peleéis! ¡ Qué vergüenza...!
-¡Ahh! ¡Qué sueño me dan las discusiones!
El minero miró a sus amigos, miró a la manzana y como era una buena persona, decidió compartir su tesoro.
-¡Tomad todos un trozo!

Ya por la noche, al ver que los enanitos no llegaban a la casa, salió la princesa a buscarlos.
Estaban los siete enanos tendidos, como muertos, en el bosque con un trozo de manzana en la garganta. Tras besarles suavemente Blancanieves en los labios, todos se despertaron.
-¡Menos mal que no te comiste tú solo la manzana!

Y rieron

María Ángeles Lluch

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