30 de octubre de 2008

De gatos y letras


Es conocida la afición que en los países nórdicos sienten por los gatos. Pocas son las casas en las que falta un gato. También aparecen frecuentemente en sus libros, como un elemento más de su vida cotidiana.
La aparición de una gata en este fragmento de los diarios de Jünger no es , sin embargo, un hecho meramente accidental. Es una meditada ejemplificación de las ideas expresadas en el párrafo anterior, una imagen creada con las letras sobre un animal antiguo amado por el pueblo egipcio y acogido por el mundo nuevo, el mundo de las letras.


"Lo que yo espero de la Egiptología es sobre todo que aclare el paso de las imágenes a las letras -ahí es donde está el eje de la diferencia entre el viejo y el nuevo mundo. Si Heródoto es en esto la fuente de máximo rango es porque en él están vivos ambos mundos. Griegos y persas. César y Cleopatra. Occidente y Oriente. La disputa de los iconoclastas de Bizancio. Los chinos como integrantes del viejo mundo. Napoleón contando las ventanas. En las letras hay una tendencia inmanente a retornar a las imágenes, como se ve en su giro hacia lo ornamental. En estos intentos adquieren las letras una cierta rigidez, como se observa en las mezquitas- se parecen a alguien contando sueños inventados.
En este momento se encuentra a mi lado en la barraca de las cañas mi gatita. Su aliento se eleva bien visible, cual una nubecilla, en el frío aire y se mezcla con el mío; luego ella y yo volvemos a inspirarlo, en cierto modo como espíritu vital; es como si a ambos nos diera vida una fuente. Mientras me hallo observando esto la gatita da un salto hacia donde estoy, se sube a la mesa y con su pata me quita de la mano la pluma y la tira al suelo. ¡Pequeña aduladora!"


Ernst Jünger; Radiaciones, Tusquets, p. 81

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