1 de junio de 2012

Literatura a peso





Trópico de Cáncer, de Henry Miller. De bolsillo. 275 gramos. 2’75 euros. El siglo de las luces, de Alejo Carpentier. Tapa dura. 500 gramos. Cinco euros. Raquel Olózaga pesa los libros en una báscula digital. Podría hacerlo en el viejo peso para bebés que se encuentra al fondo de la tienda, pero no es tan preciso.

La vida de Raquel ha transcurrido siempre entre los puestos de los mercados de barrio. Se siente cómoda y tranquila. Razones familiares: su abuelo era carnicero y regentaba una tienda donde se vendían vísceras y despojos de res. Hoy, Raquel está más cerca que nunca de esa infancia con su nuevo trabajo. Ella y cinco amigos han abierto una librería de segunda mano a la que han bautizado precisamente como el negocio que tenía su abuelo, La casquería, en el renovado mercado San Fernando de Lavapiés. La novedad es que esta es la única en la que todos los libros se pagan al peso. ¿El precio? 10 euros el kilo. Aquí no se paga el contenido sino el material. Esa es su filosofía.

El nombre no ha sido elegido por la nostalgia de tiempos pasados sino porque el negocio ocupa una antigua casquería y una antigua pollería, ahora unidas y reconvertidas en un local donde es posible bucear entre títulos de lo más dispares y comprar literatura a un precio asequible. Pero la tienda está lejos de ser lo que este grupo de amigos imaginó en un principio. “Nos gustaba la idea de un establecimiento de libros a la egipcia. Buscar en las montañas desordenadas como si fuésemos ratones de biblioteca. Así es en El Cairo”, relata Raquel rodeada de cajas repletas de obras. Finalmente, la idea del caos se abandonó y el género se dispuso ordenadamente en el mostrador donde tradicionalmente se ponía la carne.

“El proyecto surgió del amor que sentimos por los libros de segunda mano. Husmeábamos en las tiendas cuando teníamos tiempo y pensamos que, aunque no era un buen momento para abrir una librería al uso, sí podía serlo abrir algo alternativo. Investigamos y nos dimos cuenta de que en España no existía este tipo de oferta. Fue entonces cuando decidimos embarcarnos en esta aventura”, explica. La apertura de su negocio coincide con el anuncio de las cifras de lectura en España ofrecidas por la Federación del Gremio de Editores y que sitúan a Madrid como la Comunidad que más lee en su tiempo libre (70’2%). Una suerte para ellos.

Lo más duro para los libreros recién estrenados fue encontrar el local. “En Madrid, los alquileres son astronómicos. Por eso el proyecto estuvo estancado durante seis meses. Entonces encontramos éste”, cuenta Raquel. Después de pensarlo mucho se lanzaron a la piscina en un momento en el que el mercado San Fernando, abierto desde la década de los cuarenta, florece de nuevo. La decadencia había caído como un jarro de agua fría y los comerciantes pensaron que no saldrían del agujero. Muchos vendieron, pero los que se quedaron ven ahora que la entrada de manos jóvenes y propuestas frescas pueden salvar el mercado del barrio.

El proyecto puesto en marcha por dos profesores, una periodista, una bióloga, una politóloga y un artesano de cuero se edificó sobre dos pilares: el acceso a la cultura de manera económica y la defensa del reciclaje. Tenían claro que no querían valorar los libros según los porcentajes de venta sino por su soporte material: tinta, papel, tapas. “Lo que no interesa a un lector le puede apasionar a otro. Que sean ellos los que evalúen el contenido”, sostiene Raquel.

En lo alto de una estantería se ve el best seller de Stephanie Meyers, Luna Nueva, y en otra Crimen y Castigo, de Fedor Dovstoieski. “No queremos tener solo obras antiguas sino cualquiera que sea de segunda mano”, explica. Por eso se aplican en la búsqueda de grandes bibliotecas. Aunque, según Raquel, es difícil. “Los libreros profesionales están atentos a los movimientos de los libros”. Internet, el contacto con los particulares, el boca a oreja y las donaciones son sus otras fuentes de compra.

A la pasión por la lectura se une el deseo de contribuir a la recuperación del mercado de abastos. “Eran el corazón de la vida en los barrios y se han deteriorado hasta rozar la frontera de la extinción”, escriben en su página web. La inauguración de la librería en abril fue, por lo que cuenta Raquel, un éxito. Ofrecieron vino y lengua cocida “en honor a la antigua casquería”. Desde ese día el goteo de clientes ha sido constante. Y el mercado empieza a resurgir.



Más información: El País

29 de mayo de 2012

Nueva York en la poesía española


Había una anécdota... Juan Ramón pasea por un sendero por Central Park junto a Cenobia. 1946, 'habíamos perdido la guerra'. De pronto, Pedro Guillén se cruza en dirección contraria por esa misma vereda. Los dos poetas hacen como que no se ven o que no se conocen y no se saludan. "Yo no sé si es verdad o es un chascarrillo de esos que se cuentan sobre los poetas. Pero es cierto que pudieron coincidir y que, si lo hicieron, probablemente se ignoraran. Si no es verdad, 'è ben trovato'", explica Julio Neira, catedrático de Literatura Española de la UNED y ex director del Centro Cultural de la Generación del 27 de la Diputación Provincial de Málaga.

La historia hace sonreír, aunque sea un poco penosa, y, ahora, sirve para ilustrar Historia poética de Nueva York en la España contemporánea (editado por Cátedra), el libro con el que Neira ha querido estudiar la ciudad de Nueva York como tema poético. "Hace unos años, me invitó la Universidad de Dickinson , en Pensilvania, a dar una charla en su semana poética sobre ese tema, más o menos. Entonces, se me ocurrió pensar en lo que a todos: Lorca, José Hierro... Pero empecé a tirar del hilo y encontré que había muchísimos más poetas, de muchas generaciones, épocas y tendencias que han escrito sobre Nueva York".

Por ejemplo: Guillén, Cernuda, Alberti, Benítez Reyes, Fonollosa, García Montero, Martín López Vega, Francisco Brines, Martínez Sarrión, Blas de Otero, casi todos los Panero, Ana María Moix, Ana Rossetti, Gloria Fuertes, León Felipe, Dionisio Cañas, Jorge Urrutia, Luis Antonio de Villena, Antonio Lucas... Y más nombres, en fila, hasta la extenuación.

¿Y qué tiene de particular Nueva York que no tengan París o Roma, o incluso Londres, los referentes clásicos de la cultura española 'de siempre'? "Nueva York es la metáfora perfecta de la sociedad contemporánea, del mundo capitalista. Ofrece una doble imagen: por un lado la atracción por la belleza, el progreso y el vértigo. Y por otra, la repulsión por la sociedad que consume a los habitantes. Esa idea ya está en Lorca y, en realidad, existe desde siempre: la pueden ver en Metropolis, de Fritz Lang, y en Tiempos modernos, de Chaplin. Hasta Rubén Darío tiene un poema de 1914 en esa línea".

Eso es más o menos fácil de entender. Lo malo es que, a estas alturas, Nueva York nos parece a todos un lugar amable y reconfortante (se puede recorrer a pie, se ven barrios de clase media, es fácil comunicarse en español o en 'broken english' y ni siquiera es terriblemente cara) comparada con las ciudades del Golfo Pérsico o las del Sureste Asiático.

"Después, a partir de los atentados del 11-S, la poesía española sobre Nueva York ha sido mucho más empática con la ciudad, ha descubierto las relaciones humanas de sus habitantes, han añadido su punto de vista a esa metáfora que es Nueva York con referencias al cine, la música, la cultura literaria de la ciudad... Hay poemas sobre Taxi driver, sobre Desayuno en Tiffany's, sobre Charlie Parker".

"Nueva York", continúa Neira, "ha acabado por ser el viaje iniciático, la prueba de la capacidad de los poetas españoles. Si viajas a Nueva York tienes que que escribir sobre la ciudad, porque si no, no vales.


Más información: El mundo

28 de mayo de 2012

Los días contados

Es probable que Sócrates tuviera razón al afirmar  de su persona "sólo sé que no sé nada". En mi caso es absolutamente cierto. Cada vez que creo conocer, al menos de oídas, la mayoría de las obras clásicas de la historia de la literatura, hago un nuevo descubrimiento entre las estanterías de la biblioteca.Quién me iba a decir hace unos meses que el nombre de Transilvania iba a evocarme no sólo la figura del conde Drácula, sino también la de Miklós Bánffy. Sin embargo, gracias a la editorial Libros del Asteroide he podido conocer a este curioso escritor de la nobleza transilvana, autor de una trilogía centrada en la caída del Imperio Austro-Húngaro.
Miklós Bánffy fue un hombre que vivió intensamente: noble, político y diplomático, participó intensamente en la vida cultural de Transilvania, a través de su dedicación a la música, la pintura y el teatro. A pesar de todos estos aspectos, Bánffy será conocido en la historia sobre todo por su contribución a la literatura de su país con su Trilogía transilvana, compuesta por los libros Los días contados, Las almas juzgadas y El reino dividido.
En Los días contados el autor nos cuenta la vida del imperio a través de la vida de dos primos: Bálint Abády, un joven que, tras acabar su carrera diplomática en el extranjero, regresa a Transilvania para tratar de contribuir con sus conocimientos en la vida política y social de sus compatriotas; por otro lado aparece la vida de László Gyeróffy, un prometedor artista que se mueve en los círculos de la música y del arte, tratando de labrarse un nombre dentro de la profesión. Muy pronto se ve cómo el país está en un proceso de desintegración:
Entre los miembros de la alta sociedad de Budapest, sólo unos pocos se dedicaban en cuerpo y alma ala política. Había otros asuntos más importantes, o al menos igual de importantes. Por ejemplo, la competición hípica, que era tan interesante y apasionante como la cacería otoñal. Para convocar el Parlamento, una reunión de partidos o el comité del casino, en verano había que tener en cuenta la caza de la perdiz, en septiembre la del ciervo, a principios de verano la del faisán, y en primavera los días de carrera, para poder intercalar las asambleas entre estos acontecimientos.
La vida de los dos protagonistas también se mueve al hilo de esta desintegración: no son unos personajes que triunfen en sus vida. László, enamorado de una prima suya cuya familia le rechaza por sus orígenes poco aristocráticos, comienza a caer en una espiral de juego y desenfreno que le conduce al desastre en su vida profesional. Por su parte Bálint descubre de forma tardía su amor por Adrienne, su amiga de la infancia, que en la actualidad se encuentra casada con un hombre trastornado que le hace la vida imposible. 
El comienzo de la obra es magistral, marca su estructura tripartita y anuncia el tono general de la misma. Lo primero que encuentra el lector es una  cita del libro de Daniel que anuncia la ira de Dios ante los desmanes del rey Belsasar:

...El rey dio un gran banquete a mil de sus príncipes; bebieron vino, alabaron a sus dioses de oro, de plata, de madera y de piedra; y se burlaron los unos de los otros, y discutieron por los dioses de cada uno.
En aquella misma hora aparecieron unos dedos de mano de hombre que escribieron  delante del candelabro, sobre el yeso de la pared del palacio real. Y la palabra que escribieron fue "Mene: tu reino ha sido contado...". Pero nadie vio la escritura porque estaban embriagados por el vino y la ira, y porque estaban peleándose por sus dioses de oro, de plata, de metal, de hierro, de madera y de piedra..

El segundo volumen de la trilogía comienza por el siguiente párrafo de la historia bíblica, en el que se aparece la palabra "tekel" que significa "has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso" y el tercero por aquel en el que se menciona "peres" o lo que es lo mismo "tu reino será repartido entre los medos y persas"; todo ello aplicado en esta obra a la caída del gran imperio europeo.
Por su parte cada uno de los volúmenes, y en concreto este que nos ocupa, se divide en varias partes, cada una de las cuales se centra en uno de los dos personajes centrales que hemos nombrado. Los días contados se inicia con una descripción magistral de algunos de los personajes más importantes de la novela. El autor narra cómo Bálint se dirige a una fiesta que tiene lugar después de una carrera de caballos. Su calesa se ve adelantada por diferentes vehículos, cada uno con personas cuya personalidad e historia va evocando el narrador. De este modo, Bánffy convierte lo que podría haber sido una sencilla descripción, en una pintura llena de movimiento.
Por otro lado, los dos primos, Bálint y Lászlo, le sirven a Bánffy para retratar dos ámbitos complementarios y destacados de su sociedad: el de la nobleza  y el de los artistas mostrándonos  en  ambas esferas  todos sus aspectos: los mejores y los más sórdidos.
La rigurosidad de la información histórica y política que se ofrece en la obra se ve aligerada por las dos grandes historias de amor que aparecen en la obra. El amor casi imposible de Laszló por Klara y el fuego de la pasión arrebatadora de Bálint por Adrienne llenan de sensualidad y erotismo algunas páginas de la novela. 
Una novela escrita con un gran estilo, con rigor histórico, llena de dramatismo y humor,  dirigida a personas que busquen una narración histórica de calado que no se quede en detalles superficiales.

22 de mayo de 2012

Fantasma tradicional






En mitad de la noche, la sábana se despertó y salió a trabajar.

Mandrini, Eugenio, en Galería de hiperbreves.

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