9 de febrero de 2015

Treblinka: fotografías del horror por Chil Rajchman

Chil Rajchman, judío de origen polaco nacido en 1914, nos ofrece en su obra Treblinka publicada por Seix Barral en su colección Los Tres Mundos. Memorias un escalofriante retrato del campo de concentración de Treblinka.
Hay que señalar dos aspectos antes de leer el libro: no nos encontramos ante una novela, sino ante un testimonio de un superviviente que convierte en el sentido de su vida explicar al mundo entero el espanto vivido por miles de seres humanos en este campo del horror. Este campo, que estuvo funcionando como parte de la solución final desde 1942 hasta finales de 1943, dentro de la Operación Reinhard y estuvo bajo el control directo del jefe de las SS, Himmler. La obra es pues un retrato de lo sucedido y nada de lo que en ella se cuenta escapa a lo que sucedía en el campo.
El segundo aspecto es el del propio campo. En realidad Treblinka estaba dividido en dos partes. La primera estaba destinada para todos aquellos que no eran judíos y era lo que normalmente se entiende como campo de concentración. La segunda, en la que estuvo alojado Chil Rajchman, era un campo de exterminio, destinado a terminar con toda persona ajena al régimen que ingresara en él. 
Rajchman estructura la obra en breves capítulos, precedidos por pequeños fragmentos de texto, a veces a modo de haiku, que ofrecen la esencia de lo que el lector va a encontrar en cada uno de ellos. 
El hecho de que Chil Rajchman escriba un texto que roza el documental, no le resta valor literario. Parco en palabras, el escritor judío escoge desde una primera persona no ficticia en la que el narrador es el mismo que el autor y se llena de autoridad, los términos justos y precisos, sin prescindir de recursos literarios.

Los tristes vagones me conducen hacia allí, hacia aquel lugar. De todas partes nos llevan: del este y del oeste, del norte y del sur. De día y de noche. En todas las estaciones del año, viajan los trenes: primavera y verano, otoño e invierno. Los transportes viajan hacia allí sin obstáculos ni restricciones y Treblinka se vuelve cada día más rica en sangre. Cuanta más gente llevan allí, más crece su capacidad para recibirla.
La obra se inicia con la llegada del autor al campo de concentración acompañado de su hermana de diecinueve años. Al bajar del vagón que los transporta hombres y mujeres son separados y así esta será la última vez en que Rajchman vea a su hermana.
 El autor se muestra en la obra como una persona con iniciativa: aprovechando la primera posibilidad se oculta bajo el montón de ropa que se hacina a uno de los lados, se viste  y finge ser un prisionero que no está destinado a las cámaras de gas. Ayudado por un compañero, finge ser peluquero y desde el primer día se dedica a cortar el pelo de las mujeres que van a ser gaseadas. Después pasará por las más macabras ocupaciones: dentista encargado de arrancar los dientes de oro o plata de los cadáveres recién gaseados y porteador de los muertos desde las cámaras de gas a las fosas comunes en las que, capa tras capa, se acumulan las víctimas del horror nazi. Rajchman permanece en el campo hasta su destrucción por parte de judíos que como él, son capaces de sortear el destino y hacer frente a una situación aparentemente sin solución.
La lectura del libro no es agradable. Sin embargo resulta obligada como reparación a todos los que tuvieron la desventura de ir a parar allí. Para terminar reproduzco un fragmento de esta obra, que espero nos enseñe a prevenir  movimientos tan terribles e inhumanos.

Recuerdo que todas las mañanas, cuando llegábamos al trabajo, notábamos que en las fosas la superficie se había levantado en varios lugares. Durante el día el suelo era apisonado, pero de noche la sangre brotaba a la superficie, la cual se elevaba tanto que los trabajadores, al bajar con las carretillas cargadas de ceniza y arena, transpiraban profusamente cuando descendían a la fosa.
La sangre de decenas de miles de víctimas no podía descansar y brotaba a la superficie.

26 de enero de 2015

Los ensayos de Montaigne

Artículo tomado de El cultural

He aquí un libro de carácter privado y familiar que no se propone prestarle al lector servicio alguno ni obtener para el autor gloria de ningún tipo: sólo busca confiarle a parientes y amigos una imagen de quien lo escribió para que cuando muera guarden una memoria más completa de cómo fue. El tema del libro soy yo mismo, dice antes de empezar a desgranar el mundo mediante la táctica de asomarse al espejo -o a ese otro espejo: la memoria, o a ese espejo más hondo: el que forman los autores que nos dijeron algo- y portando una bandera cuyo lema parece ser: ¡A cuánta miseria nos empuja la buena opinión que tenemos de nosotros mismos!

Montaigne
Para rebajar esa miseria, no hay mejor método que acomodar las opiniones de uno a la autoridad de los antiguos y no poner en duda la certeza de que filosofar es dudar, que la duda es una fe con la que paliar las insuficiencias de las fes, que la incertidumbre un perfecto motor con el que conducirse por lo único que se tiene: el ahora, la vida. Así recorre Michel de Mointagne (Castillo de Montaigne, Saint-Michel-de-Montaigne, cerca de Burdeos, 1533 - ibíd., 1592) el mundo, examina las ideas recibidas y les da la vuelta a veces, no consiente dogma alguno que no pueda ser sometido a examen, escala la montaña del yo para restarle altura, le pone minúsculas a las leyes de los hombres e ilumina, guiado por la salvaguarda de la antipedantería, una ideología revolucionaria pero sin las alharacas ni verborreas propias de cualquier revolución: la ideología de la sensatez o la sensatez como ideología. Aunque sus escritos son los de un aristócrata que se dirige a la aristocracia, sabe, quizá sin más cálculo que el de la naturalidad, cómo convertirnos en aristócratas. En realidad su libro tiene la cualidad del agua: puede adaptarse a cualquier recipiente. No en vano los Ensayos habrán de convertirse en la obra maestra de la pequeña burguesía elevada a nueva aristocracia.

Ensayo vale como experimento: Mointagne experimenta con todo, abre puertas guiado de un tema general cualquiera y se busca en la divagación dichosa, erigida a base de citas de los antiguos, de los que era devoto. Dice que en cuanto a las citas que escalonan sus búsquedas se atiene a la calidad antes que a la cantidad: son los huesos del esqueleto que mantendrá en pie los nervios y músculos de una prosa que sabe que nada es más fácil que engañarse buscando el todo en cualquier cosa y prefiere esquivar las abstracciones porque el mundo está hecho de cosas concretas: “No alcanzo a ver el todo de nada”, dirá memorablemente, para añadir que tampoco quienes dicen hacerlo lo hacen de verdad. Bajarle los humos a ese “todo” imprudente e inalcanzable para conseguir al menos “algo”: ahí radica su sabiduría. La sensatez y la senectud están aliadas por la etimología, pero la primera mantiene fresca a la segunda, de ahí que los escritos de Montaigne se hayan leído en toda época con harta simpatía (también en su significado griego de “comunidad de intereses”).

¿Por qué nos cae tan bien Montaigne? Savater supo dilucidar su encanto cuando escribió que aunque los acontecimientos que narra pertenecen a una época lejana como lejanos parecen la erudición grecolatina que maneja y las opiniones científicas y los aspectos de la cotidianeidad que van apareciendo a cada rato, el hombre que los refiere, armado con sus dudas, sus manías y sus temblores, se nos parece mucho, y esa combinación entre lo circunstancialmente remoto y lo íntimamente cercano es el secreto de su inmarchitable encanto. Savater lo considera un amigo, como ya hiciera Madame Sevigny: “un amigo antiguo que a fuerza de serlo siempre se me aparece como completamente nuevo”.

Ayuda a ello el tono de naturalidad de sus escritos: se le ha juzgado muy a menudo conversacional, pero esto quizá sea excesivo, pues Montaigne monologa, y aunque no parezca sermonear nunca, de vez en cuando es imposible no sentir que también nos está echando un sermón aprovechando precisamente el encanto con el que explora los asuntos sobre los que discurre. En cuanto a estos, le vale cualquiera. Los, digamos, mayúsculos -la Educación, la Amistad, la Vida y la Muerte- y los menos sujetos al prestigio del ensayo -la embriaguez, que juzgada como vicio peligroso por alejarnos del propio yo que somete a la realidad para echarse en manos de esta, acaba siendo cantada como bálsamo que permite escapar de uno mismo de vez en cuando: por decirlo con terminología actual, no es bueno ponerse ciego, pero es delicioso alcanzar un puntito que nos eleve. Uno de los grandes momentos de los Ensayos es el texto dedicado a La Boitie y a la amistad. Montaigne -que no quiere dárselas de filósofo en ningún momento y en cuanto parece que va a darse importancia, se la quita como quien se rasca la coronilla, y llama bobadas a sus razonamientos más de una vez- sólo consiente los saberes que pueden aplicarse a la vida. Igual que hay unas artes aplicadas, también debe haber un pensamiento aplicado, que rechazará todo caudal de conocimiento inútil -es decir, que no nos mejore al poseerlo- y que desemboca inevitablemente en la pedantería, la enemiga mortal de la sensatez y de la vida. Porque el pedante es el que se engalana de conocimiento inservible y lo pone en curso como una moneda nociva que a la larga produce desidia y hartura y me da lo mismo ocho que ochenta: según esto, es fácil intuir que hace mucho que vivimos en una época pedante, porque la pedantería es el lenguaje del poder, de cualquier poder, el político, el científico, el jurídico.

A combatir pedanterías se aplicaría Montaigne en su madurez, cumplidos los 39 años, recogiéndose en su casa para darle forma a “sus fantasías”. Desde 1571 a 1580 fue componiendo los ensayos que recogería en su libro, ensayos que no pararía de corregir para reeditarlos en 1588 y que hasta poco antes de morir siguió corrigiendo, dando prueba de que aquello de que escribía para que sus familiares le conociesen mejor era pura coquetería. O eso, o que estaba convencido de que la mejor manera de agrandar la familia era tener lectores que se reconocieran en sus búsquedas y extravíos. Y de qué manera se fue agrandando su familia. Influyó en Descartes, Rousseau fusiló sus consideraciones sobre la educación en Emilio, Montesquieau lo consideró gran poeta, Nietzsche lo citaba a menudo, acompañó hasta el último momento a Stefan Zweig. Si algo puede decirse con seguridad de los Ensayos de Montaigne es que consiguió que a su sombra se formara una de las mejores familias de Europa.

Más info: El cultural

20 de enero de 2015

19 de enero de 2015

Por una vez, en inglés


Por una vez y sin que sirva de precedente, cedo el espacio a un seguidor que envía al Rincón una colaboración en inglés. Parece que la globalización ha llegado a los últimos reductos de la Red

THE SAME AS IN EUROPE

And, once again, the same story went by... young people from several countries met around a large table, a round table, and started exchanging questions on the cultural differences among their own countries ("how do you introduce yourself in a meeting, either personal or business", "what time do you go to sleep in a usual working day", etc.).
Then a French girl, quite seriously, asked: "WHICH IS THE DIFFERENCE BETWEEN MEN AND WOMEN IN JAPAN?"; that boy, the Japanese boy, answered, immediately and with sudden deep conviction: "THE SAME AS IN EUROPE, I SUPPOSE".

Alberto Sáez Serrano

17 de diciembre de 2014

16 de diciembre de 2014

15 de diciembre de 2014

El Greco y Somerset Maugham


Andaba yo leyendo La servidumbre humana, una novela de aprendizaje escrita por Maugham, cuando me encontré en sus páginas con un pasaje en el se analiza con sutileza por protagonista sobre la obra pictórica de Doménikos Theotokóulus, conocido como el Greco. 
A Philip, nombre del protagonista, no le es ajeno el arte, pues durante unos cuantos años ha estado preparándose en academias de París para convertirse en pintor. Con gran sutileza describe Maugham la esencia del arte del pintor, del que este año se celebra el 400 aniversario de su muerte. Desde estas líneas, le rendimos en el Rincón también nuestro homenaje.



Philip miró la serie de retratos de caballeros españoles con la rizada gola y la barbilla en punta: el rostro pálido sobre la negrura del vestido y la oscuridad del fondo. El greco era el pintor del alma. Aquellos caballeros pálidos y demudados, no por cansancio físico, sino por contrición moral, con los cerebros atormentados, parecían atravesar el mundo sin ver su belleza.

Sus ojos miraban sólo en su corazón y aparecían como anonadados ante el esplendor de lo invisible. Ningún pintor ha mostrado más claramente que la tierra es únicamente un lugar de paso.El alma de aquellos a quienes pintó El Greco revela a través de la mirada su extraña nostalgia; sus sentidos gozan de una milagrosa sensibilidad, no para aprender sonidos, perfumes o colores, sino para asir los sutiles matices del alma. El noble caballero lleva dentro de sí un corazón de monje, y sus ojos ven, sin asombrarse, lo que los santos ven desde sus celdas. Sus labios no son labios que sonríen.
Philip, todavía silencioso, volvió a contemplar la fotografía del cuadro de Toledo, que le parecía la obra más impresionante. No acertaba a librarse de su encanto. Tenía la extraña sensación de que se encontraba en las márgenes de un Nuevo descubrimiento. (...) El cuadro que tenía antes sí era rectangular y en él se veían unas casas agazapadas en lo alto de una colina; en un ángulo un muchacho tenía un plano de la ciudad y en otro una figura clásica simbolizaba el río Tajo, en el cielo aparecía la Virgen circundada por los ángeles.


Era un paisaje que chocaba con todas las nociones de Philip, el cual había vivido en un ambiente donde se adoraba el más exacto verismo. Sin embargo, el joven veía en el cuadro una realidad mucho más grande que la de los maestros tras cuyos pasos había intentado humildemente caminar. Oyó a Athelny decir que el cuadro era tan exacto que los habitantes de Toledo habían reconocido sus casas.
El pintor había pintado precisamente lo que veían sus ojos, pero había mirado con los ojos del espíritu. Había algo ultra terreno en aquella ciudad de un gris pálido. Se hubiera dicho una ciudad del alma vista bajo una luz fría que no era la del día ni la de la noche. Sobre una colina verde, de un verde irreal, aparecía circundada por muros macizos y baluartes que ninguna máquina inventada por los hombres podía abatir: sólo la plegaria y el ayuno, la contrición y la mortificación de la carne. Era una fortaleza divina. Aquellas casas grises estaban construidas con una calidad de piedra desconocida de los albañiles. Había en su aspecto un no sé qué de aterrador. Se tenía la sensación de una presencia invisible, pero manifiesta a la sensibilidad interior. Una ciudad mística en la que la imaginación tropezaba como tropieza el que pasa de pronto de la luz a la oscuridad.El alma caminaba desnuda, conociendo lo incognoscible, extrañamente consciente de la experiencia, profunda aunque inexpresable, de lo absoluto. Y sin producir asombro, en aquel cielo azul, veraz, con una veracidad que solo el ojo del alma percibía, con sus nubes pintadas con una brisa misteriosa hecha de gritos y suspiros de almas perdidas, podía verse a la Santa Virgen con una túnica roja y un manto azul, circundada por ángeles alados. Philip tuvo la sensación de que los habitantes de la ciudad hubieran contemplado la aparición sin maravillarse, agradecidos y reverentes, y hubieran continuado alegremente su camino.



12 de diciembre de 2014

Platero cumple cien años

Hoy hace cien años que Juan Ramón Jiménez publicó en Ediciones de la Lectura Platero y yo, un libro de prosa poética en el que la ternura agudiza la dureza de la realidad de la vida del animal y del protagonista.
Recuerdo que cuando era pequeña y leí por primera vez Platero y yo, me produjo un gran rechazo por la sensación de tristeza y melancolía que me trasmitió. Al cabo de los años, la relectura de un capítulo me reconcilió por completo con el libro por su lirismo y precisión léxica, así como por su riqueza retórica.
Hoy rendimos homenaje aquí en el Rincón precisamente con esa sección del libro. Espero que su lectura sirva para redescubrir la biografía del borrico más famoso de nuestra literatura.


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Paisaje grana


La cumbre. Ahí está el ocaso, todo empurpurado, herido por sus propios cristales, que le hacen sangre por doquiera. A su esplendor, el pinar verde se agria, vagamente enrojecido; y las hierbas y las florecillas, encendidas y transparentes, embalsaman el instante sereno de una esencia mojada, penetrante y luminosa.

Yo me quedo extasiado en el crepúsculo. Platero, granas de ocaso sus ojos negros, se va, manso, a un charquero de aguas de carmín, de rosa, de violeta; hunde suavemente su boca en los espejos, que parece que se hacen líquidos al tocarlos él; y hay por su enorme garganta como un pasar profuso de umbrías aguas de sangre.

El paraje es conocido, pero el momento lo trastorna y lo hace extraño, ruidoso y monumental. Se dijera, a cada instante, que vamos a descubrir un palacio abandonado... La tarde se prolonga más allá de sí misma, y la hora, contagiada de eternidad, es infinita, pacífica, insondable...
—Anda, Platero...

26 de noviembre de 2014

28 de octubre de 2014

Antichrista

No me ha tocado en suerte decidir cuáles son los libros del siglo XX que han de formar parte del canon de la Literatura, ni decidir cuáles son los mejores escritores de la actualidad. Ni siquiera me ha pedido nadie que escriba un manual de Historia de la Literatura o que escriba este post.
Tampoco podría afirmar si Amelie Nothomb va a ser una de las elegidas por los eruditos encargados de ello. Pero la escritora francesa de origen japonés (o viceversa) tiene unos méritos innegables para quien tiene la cabeza abotargada de trabajo intelectual: es breve, inteligente, incisiva y muchos dirán que algo provocativa.
Pongamos por ejemplo la novela que nos ocupa. Su tema podría haber sido objeto de una novela juvenil -el enfrentamiento entre dos personajes, una joven de baja autoestima y figura de la abeja reina de la clase . 
La trama, cómo una hija única, tímida, cae bajo en embrujo de una compañera de clase manipuladora, podría haber sido objeto de interés para colecciones de editoriales dedicadas a alertar de los problemas de la juventud. Por no hacer alusión a la extensión: de haber caído en manos de otro de escritor la novela podría haber ocupado al menos 300 páginas.
Pero Amelié es diferente. Toma este asunto aparentemente cotidiano y lo explota al máximo, con un humor hiriente y muy irónico. Blanche, la protagonista de la obra,  llega a la universidad y comprueba con estupor cómo la reina de la clase, Christa, le dirige la palabra e incluso hace con ella el trayecto de vuelta a casa. De camino Christa le cuenta cómo varios días a la semana tiene que hacer un viaje en tren de dos horas para ir a clase y sugiere a Blanche la posibilidad de pasar la noche en su casa. Blanche no da crédito. ¡Esta horrorizada de alegría!. Tiene una amiga, ésta es maravillosa y quiere ir a su casa.
Los padres de Blanche se muestran también satisfechos: por fin su hija tiene una amiga. Cuando Christa llega a la habitación de Blanche para pasar la noche, la reina de la clase deja caer su máscara y se muestra tal cual es: una auténtica tirana que humilla constantemente a Blanche. le roba su intimidad espacial y espiritual y consigue engañar a sus padres granjeándose su cariño y logrando desbancar a Blanche en su corazón. Ésta ve cómo de pronto su  austero dormitorio se llena de pósters de gusto dudoso, cómo el silencio de su refugio se llena de notas desafinadas de rock alemán, y cómo  sus padres caen bajo el embrujo de Christa y la comparan constantemente con ella.
Blanche decide que convertirse en  Antichrista y desenmascarar a su enemiga. Descubre los vacíos de su compañera de habitación e investiga su vida para tratar de resolver su existencia.
Una novela que, como he señalado, aborda un tema muy real, lo explota hasta los límites más insospechados en aproximadamente cien páginas y concluye con una frase magistral  que descolocará por completo al lector y dará que pensar a más de uno.

29 de septiembre de 2014

La casa de Asterión

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)1 están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo; aunque mi modestia lo quiera.

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.

Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

FIN

Jorge Luis Borges

24 de septiembre de 2014

Primera maratón de edición de Wikipedia de lengua española





Edificio de la Biblioteca Nacional.

El próximo sábado 27 de septiembre la Biblioteca Nacional de España (BNE), ubicada en Madrid, acoge la primera 'Editatón' de Wikipedia sobre lengua española. Se trata de una especie de maratón en la que asistentes de forma presencial y virtual editan diversos artículos de Wikipedia. 
Concretamente, se crearán y mejorarán artículos relacionados con la lengua española y autores que han sido galardonados con el Premio Cervantes, como Rafael Alberti, Miguel Delibes o Gonzalo Torrente Ballester, entre otros.
Para editar los artículos, los hasta 140 asistentes presenciales -aún hay plazas disponibles previo registro- contarán con bibliografía que facilitarán las tres instituciones públicas impulsoras del proyecto, el Instituto Cervantes, la Real Academia Española y la Biblioteca Nacional de España, en colaboración con la asociación Wikimedia España y con el patrocinio de Telefónica

Más info: Rtve

11 de septiembre de 2014

Cooltureta



Después de haberse mudado al barrio de sus sueños, en el que es posible encontrar una librería café con un toque vintage y un ambiente muy interesante, el protagonista de este cómic muy muy irónico, siente la necesidad de presumir un look que le ha costado mucho encontrar.
Durante años ha sido un marginado en su clase, pero después de leer los libros adecuados, escuchar la música debida y conocer el cine de moda ha conseguido su sueño: la coronación como Cooltureta.
El problema son sus amigos: uno está siempre colocado, el otro anda colgado de la Play y no muestran ningún interés por la nueva vida del coolturizado.
Decidido a no arredrarse ante nada, decide ir solo al cine: ¡a fin de cuentas es algo de lo más normal! Allí se encuentra con una antigua compañera de clase, tampoco muy afortunada en sus tiempos, pero que ahora ha cambiado, como él. 
Le invita a una fiesta con sus compañeros de trabajo y allí conoce a gente muy interesante: la feminazi, el conspiranoico, el cultureta de palo y al cinéfilo. Ellos, junto con su antigua compañera, a la que apoda la mariliendre, ya que solo atrae a hombres gays y su sueño amoroso, la chica de la bici, forman el grupo en el que el protagonista descubrirá su verdadera identidad y la realidad de la vida.
Un cómic divertido, con una trama rápida e hilarante, llena de ironía hacia la falsa cultura, que se lee con gusto y facilidad.

31 de julio de 2014

El secreto de Gaudlin Hall


John Boyne, el aclamado autor de El niño del pijama de rayas o La casa del propósito especial, nos ha sorprendido este verano con la publicación de un libro nuevo: El secreto de Gaudlin Hall.

Esta obra, que se aparta del estilo de las dos arriba mencionadas, ha sido presentada por la editorial como una narración al estilo de Dickens o Wilkie Collins. Sin embargo, tras una lectura de la misma, podemos afirmar que esta narración sigue la tradición de Una vuelta de tuerca de Henry James o de La caída de la casa Ushter de Edgar Allan Poe.
La obra presenta dos logros evidentes: la primera y la última frase. Por ello recomiendo no seguir la costumbre que tienen algunos de mirar la última página de los libros que leen, ya que en este libro se produciría la destrucción de su aportación esencial: la intriga y el suspense que mantienen en vilo al lector hasta el último momento.
La narración se presenta desde el punto de vista de la protagonista, una joven que, tras la muerte de su padre, se ve obligada buscar trabajo. Al encontrar un anuncio en la prensa que pide una institutriz, Elizabeth se presenta candidata y es elegida rápidamente.
Sin pensar mucho en la rapidez de la respuesta y en los escasos requisitos que presentaba el anuncio, Elizabeth viaja a Gaudlin Hall, una casa en la que viven dos hermanos (un niño y una niña, como en Otra vuelta de tuerca) algo especiales, sin más cuidado que el que les presta una señora que cocina y un guarda de la finca.
Desde la primera noche comienzan a sucederse acontecimientos inquietantes, que parecen ser la manifestación de un espíritu maligno que ataca a Elizabeth. Ésta, preocupada por su vida, intenta averiguar la razón de todo lo que ocurre en la casa. La primera noticia que recibe no es tranquilizadora: todas sus antecesoras, excepto una, han muerto en extrañas circunstancias.
Esta obra es entretenida, presenta un argumento trepidante que mantiene la atención hasta el final y es especialmente apropiada para leer en verano. Quienes sean conocedores de las obra de Henry James o las de Edgar Allan Poe, verán pronto las carencias narrativas de la narración: respecto a Otra vuelta de tuerca, esta obra pierde la ambigüedad de la obra del americano y el cuidadoso retrato de los protagonistas. Respecto a las obras de Poe,  El secreto de Gaudlin Hall tiene un lenguaje menos cuidado, un ambiente menos asfixiante y opresivo.
Con todo, la narración es correcta y está llamada a ser una de las lecturas estrellas de este verano.

5 de junio de 2014

EL VIENTO COMENZÓ A MECER LA HIERBA - Emily Dickinson

EL VIENTO COMENZÓ A MECER LA HIERBA - Emily Dickinson

No suelo escribir comentarios ni reseñas sobre libros. No es mi especialidad. Sin embargo, ya que M. Ángeles Lluch me invita a recomendar una lectura, me he decidido por un pequeño libro de poemas que acaba de llegar a mis manos y que me parece muy recomendable para los amantes de la poesía. 

Aparte de la cuidada edición de Nórdicalibros, llaman la atención las ilustraciones de Kike de la Rubia, porque casan perfectamente con el estilo de la poeta, Emily Dickinson. Son ilustraciones llenas de calidez y sugerencia, que no entorpecen, sino que acompañan amablemente la lectura. 

Tal vez se parezcan a esos paisajes que ella contempló desde sus ventanas y que inspiraron muchos de sus versos. Paisajes que hablan de naturaleza y soledad, de sombras y de luz. Los poemas nos sumergen en un mundo muy privado, aislado, contemplativo. El de esta autora que no necesitó el reconocimiento del público para edificar una gran obra poética. Según dice Juan Marqués, en el prólogo:

“Además de ser escritos, en principio, exclusivamente para la inmensa minoría de sí misma,los de Emily Dickinson fueron, a un tiempo, poemas complicadísimos y simples, alegres y tristes, transparentes y enigmáticos”.

En este libro encontramos algunos llenos de la pura candidez de la infancia, pero teñidos también por la presencia sombría de la muerte: “¡Ah, pequeña rosa, qué fácil / para alguien como tú, morir!”. “¡Cuántas flores mueren en el bosque / o se marchitan en la colina / sin el privilegio de saber / que son hermosas!”.

Pero el encanto no solo reside en la descripción de la mudable naturaleza, sino en la aproximación al mundo interior de la autora, un mundo inagotable, poblado de hondas reflexiones e invisibles presencias: “Más seguro correr por una abadía / perseguida por las sepulturas / que, sin luna, encontrarse a una misma / en un lugar solitario”.

Vida y muerte se entremezclan en este delicado libro, en esta cuidada selección bilingüe, que
incluye muchos de los mejores poemas publicados de esta autora. Poemas que, por mucho que leamos y releamos, siempre nos ofrecen una nueva visión, una sorpresa contenida entre sus líneas. Todo está lleno de contenido tras su aparente sencillez. Una sola estrofa, aislada, adquiere dimensión de poema.

¡Qué aburrido ser alguien!
¡Qué ordinario! Estar diciendo tu nombre,
como una rana, todo el mes de junio,
a una charca que te contempla.

Igual que la propia naturaleza nos sorprende constantemente con sus variadas manifestaciones, este libro nos ofrece un paisaje único y distinto en cada página.

(Susana Benet)

8 de mayo de 2014

3 de abril de 2014

El asno más insigne

Alguien en algún momento impreciso y precipitado de mi infancia decidió que yo iba a ser rico. Tal propósito no supone reprobación pero tampoco en sí resulta encomiable. Y eso sin disgustarme no acabó por suponer un gran acicate en mi vida. Pero también dijeron: serás un caballero. Nunca sobra, ni hoy en día, ser apreciado por esa condición. Pero es que además añadieron: y te amará una princesa. Y en mi candor eso último supuso un arrebato de tenacidad que me predispuso a ello. Porque una princesa es siempre una mujer singular. Y veréis yo entonces aseveraba que ese tipo encumbrado de persona que parece colgar de las esferas celestes sin más, que ni hoya el suelo, que parece levitar -porque así me hablaban ficción y realidad que eran estas distinguidas damas blancas- no eran sólo figuras entrevistas en almenas y torreones, qué va.

Pero la vida es larga y nos acomoda en el mundo, a pesar que con ello nos agoste también. Así, por accidente o por destino, mi trato se fue dando al encuentro con ellas –las princesas-; y ahora puedo explicar que sí, es cierto que todas están a menudo en un tétrico o lóbrego torreón, que todas o bajan la vista tozudamente o la elevan en arrebatos místicos, que sus manos son alas puras y refulgentes como de palomas blancas… En fin que sí, es cierto cuanto el arte y la imaginación muestran de ellas. Pero también –y con ello prevengo a otros- que son lo más parecido a una cabra del monte. Que tozudamente persisten en colgarse de riscos y peñascos, que como cabras montesas saltan y dan cabriolas por esas alturas, y no cejan en querer llegar a la luna. Yo puedo deciros que si soy un caballero –o al menos lo aparento- es porque tras muchos fracasos, ya no hallo paciencia de amarlas tanto como debiera; quizá todo se deba a falta de temperamento, a poca disciplina, a una innegable condición en último término plebeya. Es como si la luz del día me obligara a ser ceniza. Ya muchas veces las contemplé áulicas, incluso con sus espléndidos colmillos y zarpas a la vista. Y con esa insistente mirada desdeñosa que las caracteriza y las hace invulnerables. También con el fuego tibio de su corazón preso entre sus mentadas manos blancas y finas. Pero pasaron entre mis días o por mis recuerdos para luego verlas irse siempre alejando de mí; sólidas, leves, altas, dignas. Yo, tras estos persistentes traspiés míos, percibo ese caballero que dicen que iba a ser; que hasta parece bruñido acaso sólo por el hábito de pensarlas… y entonces colijo: no sé si una vida más llana hubiera sido para mí menos dolorosa, más festiva, más carnal. Como si mi existencia hubiera sido sometida a un férreo destino incumplible. No sé si todo desde mi infancia a hoy ha sido un tránsito furtivo a la santidad, en débito de una carencia de heroísmo, y se tuviese que resumir en una fría y estúpida espera de desenmascaramientos y ensoñaciones, como si en la mano me hubieran plantado, ya entonces, una flor, y esta se estuviera marchitando lentamente; y así sufriese yo una estúpida decadencia de pergeñado épico personaje. O sea, patético.

En fin… que fui invitado a salones y músicas. Entré, vi, bailé, comí. Pero entre mis dedos se escapa la arena del tiempo y con él… aquellas supuestas prometidas dichas. Y bueno, por supuesto, de dinero, yo, nada.

Carlos Pereira

2 de abril de 2014

La ruta de Don Quijote

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre Cervantes no quiso acordarse comienza la acción de la novela española más conocida en el mundo y también una de las rutas turísticas de más éxito de nuestro país: la de Don Quijote.
Esta ruta se divide en 8 recorridos que se inician en Toledo, una de las ciudades más impresionantes por su mestizaje, patrimonio reconocido por la UNESCO, gastronomía y vinos de Castilla-La Mancha.

El PRIMER TRAMO tiene 250 kilómetros y pasa por MORA, LA GUARDIA, ALCÁZAR DE SAN JUAN, EL TOBOSO (la localidad de Dulcinea) y BELMONTE entre otros lugares.
Podemos comenzar nuestra andadura eligiendo entre dos caminos: el del Norte, donde se pueden visitar las lagunas de Longar y de Lillo, y el del Sur, por Mascaraque y Tembleque. Para ello debemos tomar las carreteras A-45 y la N-401, así como diferentes carreteras comarcales. Este tramo conecta con el segundo, el séptimo y el octavo recorrido.

Tras visitar Toledo, nos adentramos en la carretera del valle que bordea el río Tajo. Antes de llegar a Mora divisamos y admiramos Cigarrales de Toledo, Cobisa, Burguillos de Toledo, Nambroca, Almonacid de Toledo y Mascaraque, localidades típicas del paisaje manchego.
Al alcanzar Mora sentimos que hacemos un viaje en el tiempo para vivir una experiencia única en esta pintoresca localidad con gran tradición en el cultivo y elaboración del aceite de oliva. Sus primeras referencias escritas se encuentran asociadas al castillo de Peñas Negras, construido el siglo XII. Al dejar el pueblo encontramos la Ermita de Nuestra Señora la Antigua.
El segundo recorrido es de 68 kilómetros, pasa por las localidades de La Solana, Turleque (donde se encuentra el embalse de Finisterre), Tembleque y El Romeral.

Nuestra próxima parada Villacañas, está rodeada de pequeñas sierras que contienen uno de los parques eólicos más importantes de Castilla-La Mancha. Este tramo de 51 kilómetros pasa por la laguna de Altillo Grande.

En La Guardia, romanos, visigodos y musulmanes poblaron este pequeño municipio convirtiéndolo en fortaleza natural. Hasta que lleguemos a nuestro próximo destino, nos podremos deleitar con un paisaje lleno de campos de olivos y humedales, típicos de la zona.
Mascaraque es una pequeña población de no más de 500 habitantes donde podemos visitar la Ermita de los Cristos y el cementerio de Nuestra Señora de Gracia. Este pueblo manchego con orígenes en la época musulmana, no aparece documentada hasta 1150 por medio de unos escritos de Alfonso VII.

El siguiente municipio donde haremos un alto es Campo de Criptana, los sitios más interesantes de esta localidad son la bella Sierra de los Molinos, donde podemos dejarnos llevar por la imaginación y reconocer los escenarios de la obra de Cervantes. También la Iglesia del Convento de Carmelitas, del siglo XVI, y las ermitas de la ciudad que son un claro ejemplo de la arquitectura popular de la zona.

Retornamos en el camino hacia Mascaraque para proseguir la ruta, nos dirigimosa uno de los pueblos más conocidos de la obra literaria. El Toboso, conocida por ser la localidad de Dulcinea, la amada de Don Quijote. Antes de llegar a El Toboso e imaginarnos a Dulcinea representada en alguna bella muchacha del lugar, la ruta nos lleva hasta las Lagunas de Peña Huesca y la reserva natural de Las Yeguas, sin duda dos paisajes espectaculares donde es recomendable admirar la flora y la fauna de lugar.

Seguimos hasta Quintanar de la Orden, conocido en la época medieval como El Toledillo. Una pequeña aldea que había sido repoblada por mozárabes toledanos. Cuando su población y actividad fue creciendo adquirió su actual nombre. Siguiendo nuestra ruta, disfrutaremos de las maravillosas vistas que nos regalan los extensos viñedos y los molinos que rodean a Mota del Cuervo, que sin duda nos harán sentir como los personajes de la novela de Cervantes.
Proseguimos nuestro viaje hacia De Belmonte, donde destacamos el monumental castillo de esta pequeña localidad de no más de 2.500 habitantes. Desde aquí podemos acercarnos a La Colegiata de San Bartolomé y el convento de los Jesuitas.

Estos pueblos nos invitan a contemplar su riqueza paisajística y monumental. Fuenteelespino de Haro, Osa de la Vega y Villaescusa de Haro, así como la Laguna de Capellanes y el Cerrillo de la Cruz son algunos ejemplos donde podremos tomar magnificas fotos de la estampa castellana. Por otro lado, si deseamos perdernos en un paisaje totalmente diferente, los montes arbolados, la silueta del río Zancara de la pequeña localidad de Carrascosa de Haro, y el cercano Castillo de Haro nos deleitarán con otra estampa.Antes de llegar al final de esta primera ruta, otro hito de gran valor y belleza paisajística nos vendrá dado por la Dehesa de Alcahoza. Con nuestra llegada a San Clemente, culminamos este primer recorrido, visitando la noble, y señorial villa manchega, donde podemos disfrutar del espíritu renacentista manchego en su arquitectura civil y religiosa. Tras la conquista cristiana, San Clemente fue el centro administrativo de toda La Mancha conquense. Reponemos fuerzas, visitamos su conjunto histórico, el Castillo de Santiago de la Torre y la Iglesia de Santiago Apóstol, y nos preparamos para afrontar el segundo tramo de esta ruta.

Más info: Turinea
Entrada tomada de: Turinea
Si te interesa este tema, también puedes consultar: Guía Repsol-Ruta del Quijote

31 de marzo de 2014

De flores y celos



TU MANO ENTRE LAS FLORES

Con cuánto mimo
cultivabas tus flores mientras yo
te observaba de lejos moverte entre las dalias,
los lirios, los claveles,
protegiendo los brotes con gesto maternal.

No recuerda mi piel haber sentido
un roce tan tierno de tu mano,
ese temor a herir con que posabas
tus vigorosos dedos
en la frágil tersura de los pétalos.

Susana Benet

21 de marzo de 2014

El mundo que viene es Divergente

A veces, cuando estoy muy cansada, recurro a la literatura infantil o juvenil para descansar la mente. Además de despejarme, me pongo al día de lo que están leyendo los más jóvenes de la sociedad, me distraigo y me acerco a otro tipo de personas que visitan las bibliotecas en las que trabajo.
Si con la crisis triunfó la trilogía de Los juegos del hambre, para salir de ella habrá que cambiar. Cambiar lo malo y mantener lo bueno. En definitiva, ser distintos.
Así lo percibió una jovencísima Veronica Roth, que con sólo 21 años se aventuró a escribir Divergente, el primer tomo de una trilogía que pronto veremos en las pantallas.
Al igual que Los juegos del hambre, Divergente se sitúa en un futuro no muy lejano, en el que una sociedad que se ha hecho consciente de los horrores de la guerra, se ha dividido en cinco facciones, según la causa que atribuyen a los conflictos entre los seres humanos; la mentira, la ignorancia, la cobardía, el egoísmo y el aislamiento dan lugar a Verdad, Erudición, Osadía, Abnegación y Cordialidad.
Divergente
Las familias que se integran en cada facción educan a sus hijos en los valores que consideran fundamentales para evitar la maldad humana. Sin embargo, cuando los hijos llegan a los 16 años, alcanzan la mayoría de edad y deben decidir en que facción van a integrarse. La mayoría permanece en la que ha nacido, puesto que la educación recibida les induce a pensar que es la facción a la que pertenecen es la mejor. Sin embargo algunos cambian de facción cuando consideran que sus opiniones y aptitudes los acercan a otro grupo.
La protagonista de Divergente es Beatrice. Nacida en una familia de abnegados, el día anterior a la elección de grupo, es sometida, como todos sus compañeros, a una prueba que le dará indicios a ella y a los dirigentes sociales, de cuál es la mejor facción para ella. Normalmente el resultado de la prueba es concluyente, pero en este caso se produce un hecho sorprendente. Beatrice está capacitada para pertenecer a tres facciones: Osadía, Erudición y Abnegación. Son muy pocos los jóvenes que obtienen un resultado que les permita integrarse en dos facciones. El caso de alguien con capacidades para pertenecer a tres es único. Este grupo de personas recibe el nombre de divergentes. Tienen capacidades especiales que les permiten no ser manipulados por las simulaciones a las que son sometidos los miembros de las facciones y una empatía mucho mayor que los que sólo tienen características para pertenecer a un grupo.
No es bueno ser divergente. Grupos ocultos de poder intentan deshacerse de ellos o controlarlos, aunque no se sabe por qué. Corren leyendas sobre ellos y sus poderes. La encargada de hacer la prueba a Beatrice le aconseja no confiar a nadie su condición de divergente.
El día de la decisión llega y Beatrice cambia de facción al grupo de Osadía, donde será sometida a un duro proceso de iniciación.
El libro tiene una trama argumental que captura la atención, y atrapa al lector que no puede dejar de leer hasta llegar al final. Por otro lado, no tiene una única acción, sino que presenta acciones secundarias y contiene todos los elementos que le garantizan un éxito seguro entre los adolescentes y adultos: acción trepidante, intriga, misterios, amor, superación y sacrificio.
Los personajes tienen la caracterización esperable y las relaciones entre ellos son predecibles, pero la tensión del argumento distrae de este aspecto. Hay que decir que la concepción que la autora presenta de Verdad, Erudición, Osadía, Abnegación y Cordialidad roza con lo simple en algunos de los casos. Así, los veraces se caracterizan fundamentalmente por soltar lo primero que les viene a la mente a la persona que tienen delante. Los eruditos, ansiosos por saber, se distraen por cualquier realidad que no conozcan y se pierden en la indagación. Los osados confunden valentía con temeridad: saltan de trenes en marcha, luchan entre ellos causándose serias lesiones...etc., los abnegados sólo piensan en los demás: visten de gris, no pueden mirarse al espejo, no tienen grandes posesiones y se dedican a servir a la sociedad. Los cordiales son un grupo divertido, que trata de hacer la vida más simpática a los que les rodean.
La autora, sin embargo, consigue superar esta aparente simplicidad, dando a entender en determinados momentos del libro que no es suficiente cultivar una sola cualidad del ser humano y que es preciso conjugarlas para que éste sea completo.
El libro garantiza la diversión, aunque podemos avisar a padres sobre su alto nivel de violencia, cierta tendencia a justificar los medios para alcanzar los  medios y una aceptación de la permisividad sexual entre los adolescentes, con un grado de sensualidad que para los más sensibles puede ser en ocasiones excesivo.








Más info: Divergente

Categoría: Aventuras, Ciencia-Ficción. 
Calidad literaria: *
Violencia: ***
Sexualidad: *


26 de febrero de 2014

Taller práctico de haiku

El día 29, entre cuatro y las siete  de la tarde,  tendrá lugar en la Escuela de escritores Alonso Quijano de Alcázar de San Juan el TALLER "EL CAMINO DEL HAIKU" dirigido por Susana Benet, licenciada en Psicología, aunque su verdadera vocación es la literatura. Cultiva el haiku desde hace algunos años y ha publicados varios poemarios y obtenido importantes premios. Tiene su propio blog y participa en otros, entre ellos en el Rincón de Alejandría. Matrícula: 30€, previa inscripción antes del 26 de marzo, ver descuentos.

El taller está dirigido a personas interesadas en este tipo de poesía y que deseen descubrir su capacidad creativa, a partir del haiku, poema breve centrado en la naturaleza y en los hechos cotidianos. El Taller constará de una exposición sobre qué es un haiku, su estructura métrica, temas y sus autores.

La parte práctica consistirá en la escritura de haikus por parte de los asistentes, que serán guiados y aconsejados siempre que lo requieran. Se propondrán temas que sirvan de inspiración, mediante imágenes y sugerencias.
El Taller concluirá con la lectura de los poemas escritos por los participantes, seguida de comentarios, opiniones y correcciones, en su caso, con el fin de conseguir la mayor calidad en la realización.

Desde el Rincón te deseamos mucha suerte y sobre todo que vengas pronto por Pamplona. Aquí hay una asociación de amigos de japón entre los que hay aficionados al género del haiku del que tu eres una destacada representante dentro del panorama español actual.



Susana Benet
TALLER DE HAIKU EN ALCÁZAR DE SAN JUAN
Titulo: EL CAMINO DEL HAIKU
Dirigido por: Susana Benet
INFORMACIÓN SOBRE EL TALLER: 
El Taller abarca tanto aspectos teóricos como prácticos. La sesión de divide en una breve introducción teórica, seguida de ejercicios que faciliten a los alumnos la creación de estos poemas sintéticos.
DURACIÓN: 1 sesión de 3 horas.
Matrícula: 30€, previa inscripción antes del 26 de marzo, en: escueladeescritores@culturalaq.es
ver descuentos.

DIRIGIDO A:
Personas interesadas en este tipo de poesía y que deseen descubrir su capacidad creativa, a partir del haiku, poema breve centrado en la naturaleza y en los hechos cotidianos.
OBJETIVOS Y CONTENIDOS 
Se trata de un “Taller de escritura” sobre la estrofa japonesa de 17 sílabas con el fin de estimular la creación literaria.
El Taller constará de una exposición sobre qué es un haiku, métrica, contenidos y distintos autores.
La parte práctica consistirá en la escritura de haikus por parte de los asistentes, que serán guiados y aconsejados siempre que lo requieran. Se propondrán temas que sirvan de inspiración, mediante imágenes y sugerencias.
El Taller concluirá con la lectura de los poemas escritos por los participantes, seguida de comentarios, opiniones y correcciones, en su caso, con el fin de conseguir la mayor calidad en la realización.

Susana Benet (Valencia, 1950) es Licenciada en Psicología, aunque su verdadera vocación es la literatura. Cultiva el haiku desde hace algunos años, habiendo publicados los poemarios:
  • Faro del bosque – Editorial Pre-Textos. Valencia, 2006
  • Lluvia menuda – Editorial Comares. Granada, 2007
  • Huellas de escarabajo – Editorial Comares. Granada, 2011
 







25 de febrero de 2014

¿Qué ocurre con los libros viejos?

Los libros también envejecen. Algunos lo hacen con mucha dignidad y otros simplemente juntan polvo y ocupan espacio, lo mismo que las personas. Entonces, ¿qué hacer con estos? ¿Cómo ganan espacio las librerías?

¿Cómo hacen los libreros para despojarse de esos ejemplares olvidados que nadie compró y que nadie comprará? Aún más: ¿los libreros todavía existen o solo sobreviven los dueños de librerías? Hace unos días se armó un revuelo en la calle Garibaldi: una de las librerías de esa arteria había decidido desprenderse de cuatro cajas llenas de libros y las metieron en contenedor de basura. Los peatones que pasaban por allí creyeron que era bueno hurgar para tratar de encontrar algo que mereciera ser rescatado de la ignominia.

Nada era muy útil. Textos educativos viejos y desactualizados. Algunos entendieron que tirar libros es atentado hacia la cultura y el conocimiento, pero entonces, ¿qué se hace con los libros que ya no se venden, que ya no se leen, que solo juntan polvo? Y el cronista recordó. Una antigua y tradicional librería de Buenos Aires había adquirido un gran departamento en un viejo edificio para usarlo de depósito y acumular allí los libros que ya no tenían lectores potenciales. Como una de sus especialidades era la jurídica, la librería tenía una gran cantidad de enormes ejemplares de La Ley y de El Derecho, que recopilan fallos y jurisprudencia.

Años y años de historia legan en esos enormes tomos muy bien encuadernados que ya no serían consultados por nadie. Allí estaban, apilados cuidadosamente y esperando. Cierto día apareció un tipo, un abogado más o menos joven. Se había asociado con un colega y había abierto un estudio. “Tengo una gran biblioteca en tres paredes de mi estudio. Son de 2,50 de alto por 4 de ancho y necesito llenarlas”, dijo. El tipo quería impresionar a sus clientes y necesitaba un decorado acorde. Don Alberto, uno de los libreros y dueños, le dijo: “Tengo lo que quiere. Le vendo 30 metros cuadrados de libros, pero los carga usted”. Claro que había libros no tan vistosos, pero igual de olvidados. El cadete de la esa librería (este cronista) se encargaba de ellos. Don Alberto se los entregaba a un módico precio y el muchacho se iba los sábados a la plaza Rivadavia en el subte de la Línea A.

Allí, entre libros y estampillas de colección, el muchacho los revendía con dificultad y con una ganancia escasa. Lo más interesante terminaban siendo las charlas con los puesteros, todos hombres grandes y curtidos. Pero también había una tercera opción para vaciar estanterías y dejar lugar para las nuevas ediciones. “En la librería los libros no se tiran. Espanta a los clientes”, decía Alberto. Entonces elegía aquellos ejemplares invendibles, incluso en la plaza, y hacía que el cadete los llevara a la plaza Lavalle. Allí había puesteros que competían moderadamente con las librerías formales. El muchacho intentaba sacar algunas monedas por un paquete de 20 ejemplares diversos o si no había oferta, directamente se los regalaba a esos hombres malhumorados y que sabían realizar alguna pequeña estafa para venderlos: cubiertas que no se correspondían con el texto, fechas de ediciones que no eran las reales y cosas por el estilo. Pero así como había libros viejos que nadie leería jamás, también había otros muy estropeados que no parecían valer dos pesos y que eran tratados como joyas por Alberto.

Provenían de las bibliotecas de los difuntos recientes. Compraba la totalidad de los ejemplares y seleccionaba aquellos que tenían valor por su autor, su título y su edición o alguna de estas tres cosas. Muchos llegaban sucios, manchados, ajados.

Alberto, con enorme paciencia y hasta con cariño, agarraba uno por uno y los limpiaba cuidadosamente. Con una goma de borrar blanca le limpiaba las páginas y la cubierta. Les borraba las huellas de los dedos manchados, las manchas de café o de vino, o la de una simple y cruel yema sucia. Con una lija para madera de grano muy fino les limpiaba los bordes, con el libro cerrado y después, entre sus bigotes tupidos y mirando a través de sus anteojos de leer, que no se quitaba jamás, los soplaba suavemente para quitarles lo que quedaba de polvo y de olvido. También mandaba a que el viejo Re, bicho oscuro y sabio que no salía jamás del sótano, cosiera alguna encuadernación. Pero una de las cualidades más grandes de Alberto era su capacidad de hojear un libro y en menos de 5 minutos hacer un resumen mental, archivarlo en su memoria y poder explicarle al futuro cliente de qué trataba el libro, y recordar sin dudar un instante qué otros títulos eran del mismo autor y qué fecha de impresión tenía el ejemplar ofrecido.

Un tío de este mismo cadete, Ricardo Roberto Romualdo Rolón (y otros nombres con R que ya nadie recuerda) fue fundador de una de las librerías más grandes de Asunción de Paraguay: Librería Comuneros. Allí los libros eran el motivo, pero también la excusa, de grandes reuniones de lectores, autores, políticos e intelectuales de la más variada especie.

Dicen que allí los libros jamás se tiraron. En todo caso servían para apoyar una botella de whisky y hablar por enésima vez de la vida y de mujeres. Augusto Roa Bastos supo ser uno de los concurrentes a esas reuniones mientras dejaba firmados algunos ejemplares de “Yo el Supremo”. Hace un tiempo el mismo cadete, ya demasiado grande para seguir siéndolo, pasó por la calle Garibaldi mendocina y entró a una de las librerías (otra, no la de los libros en el contenedor) y pidió Niebla, de Miguel de Unamuno.


El dependiente le preguntó quién era ese autor, qué genero cultivó y finalmente, después de 10 minutos de desesperada búsqueda encontró el ejemplar solicitado. Triunfante, el antiguo cadete regresó con el libro en la mano y con una sonrisa se lo entregó al cliente diciendo: “Están buenos los cuentitos de Unamundo ¿no?”.


Fuente: Diario a uno

12 de febrero de 2014

Hay un honor que a todos nos espera


En muchas series de televisión y películas se ha puesto de moda el citar fragmentos de autores famosos. Dado que muchos de estos productos provienen de Estados Unidos, son los autores de este país los más citados.

Hace poco tiempo publiqué un post en el que anunciaba la llegada a España de la obra completa de Emily Dickinson, cuyos escritos son citados a menudo en Mentes Criminales. Poetisa considerada durante tiempo como una persona extraña, muestra en su poesía una gran sensibilidad ante los grandes temas que preocupan al ser humano de todos los tiempos: el amor, la muerte, Dios y la naturaleza.

 Sus poemas no son sencillos. Hoy me hago eco de uno que no resulta especialmente complicado. Me he permitido poner la versión original, ya que la poesía, debido a la importancia que en ella cobra el elemento rítmico, no suena igual en la lengua original que en las traducciones. Espero que todos leáis en voz alta la versión inglesa. Por mi parte me comprometo a publicar un post con una poesía de la autora  dedicada a otro tema.


Danza de la muerte


Hay un honor que a todos nos espera-
Una Tarde mitrada-
Nadie puede evadirse de esta púrpura-
¡Nadie puede evitar esta Corona!

Nos dará una carroza con lacayos-
Y cámara real, y lujo, y multitud-
¡Y cámpanas, también, cuando crucemos
El pueblo en esta pompa!

¡Qué criados tan nobles!
¡Qué bien nos tratan si hemos de parar!
¡Qué leales si partimos,
Cuando lanzan al aire sus sombreros!

¡Qué pompa sobrepasa a los armiños
Cuando sencillamente Tú y yo
Nuestro escudo de armas, tan dócil, presentamos
Y pedimos el rango de morir!


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One dignity delays for all-
One mitred Afternoon-
None can avoid this purple-
None evade this Crown!

Coach, it insures, and footmen-
Chamber, and state, and throng-
Bells, also, in the village
As we ride grand along!

What dignified Attendants!
What service when we pause!
How loyally at parting
Their hundred hats they raise!

How pomp surpassing ermine,
When simple You, and I,
Present our meek escutcheon
And claim the rank to die!


Emily Dickinson
Traducción de José Luis Rey
(Editorial Visor)

Para más info: Emily Dickinson

3 de febrero de 2014

Pasaje de las sombras

Los premios de literatura no son garantía de calidad. Así se ha podido comprobar con los ganadores de algunos de los certámenes nacionales e internacionales literarios que, después del boom inicial producido por el marketing derivado de la concesión del premio, han pasado a la historia sin pena ni gloria. No pondré ejemplos, aunque tengo algunos en la cabeza.
No es este el caso del VII Premio de Novela Negra RBA otorgado al autor islandés Arnaldur Indridason,  por su novela El pasaje de las sombras.
Este licenciado en Historia, que ejerce de periodista y de escritor, nos ofrece en El pasaje de las sombras una trama sin fisuras, sencilla, con un hilo conductor claro que se desarrolla en dos planos temporales. El primero de ellos, es el de la Segunda Guerra Mundial, momento en el que llegan numerosas tropas a Islandia procedentes de Canadá, Inglaterra y Estados Unidos.
Las jóvenes islandesas, acostumbradas a unos hombres rudos y poco atractivos, descubren en los soldados al novio y marido soñado: guapos, bien vestidos y muy amables con ellas. La situación está servida en bandeja y son muchas las islandesas que entablan relaciones con los militares que han llegado, para conseguir sus favores, les engañan prometiéndoles que, después de la Guerra, contraerán matrimonio con ellas y las llevarán a sus países, donde la vida es más fácil y hermosa.
Este es el caso de Ingiborg, una muchacha que se enamora de un soldado americano. En uno de sus encuentros cerca de Teatro Nacional encuentran el cadáver de una muchacha. Frente a la reacción de Ingiborg, que insiste en ir a la policía, Frank, que así se llama el soldado americano, le aconseja huir para evitar complicaciones. Poco después el cadáver es descubierto y la investigación encargada a dos policías: Flóvent y Thorson, quienes descubren que la muchacha asesinada ha sido estrangulada.
Seis décadas después, una mujer, alertada por no ver a su vecino, llama a la policía. Tras descubrir el cuerpo del hombre muerto en la cama sin signos aparentes de violencia, la forense le practica la autopsia, en la que descubre que ha sido asfixiado. El caso es encargado a Marta que es ayudada por su antiguo compañero de trabajo ahora jubilado. En el transcurso de la investigación se descubre que el hombre asesinado no es otro que Thorson. El hecho de que haya muerto asfixiado, hace que la policía sospeche que el antiguo caso de la joven asesinada en el Teatro Nacional guarde relación con éste.
Arnaldur Indridason
Pasaje de las sombras hace alusión al barrio donde transcurrieron los hechos, un lugar en el que también vivía Konrad, el compañero jubilado de Marta, quien recuerda la existencia de un médium que vivía en el lugar y con el que su padre hacía trapicheos, al que recurrieron los familiares de la muchacha asesinada.
La novela escrita por Indridason es muy buena dentro de su género: los planos temporales están perfectamente enlazados; los personajes centrales -sobre todo Konrad y Thorson- muy bien trazados, se hacen pronto un sitio en el corazón del lector. El autor describe a la perfección la sociedad islandesa, su aislamiento y desconfianza frente al desconocido y no por largas descripciones, sino a través de la acción y los diálogos entre los personajes.
Un lenguaje conciso, sin excesos injustificados  de violencia ni erotismo y con un ritmo narrativo muy bien distribuido hacen que este escritor, que apuntaba maneras en sus obras anteriores, se confirme como una de las grandes promesas de la novela negra actual.

Enlace de interés:

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